
Miguel Díaz-Canel grabó el 19 de junio de 2026 una entrevista con Roberto Cavada, del Grupo de Comunicación Corripio, que Telenoticias emitió el 24 de junio por Telesistema, canal 11, en República Dominicana.
La pieza forma parte de una ofensiva comunicacional que el títere del régimen cubano despliega desesperadamente con medios extranjeros —NBC News, Newsweek, elDiario.es, Canal Red y Al Mayadeen— siempre con el mismo libreto: culpar al embargo estadounidense, presentar a Cuba como víctima de una guerra mediática y descartar cualquier renuncia al modelo pero buscando dólares.
La Revolución no pide petróleo…
Díaz-Canel calificó de mentira que Cuba pida petróleo y redujo medio siglo de dependencia a un trueque: azúcar con el campo socialista y médicos con Venezuela. Nada más lejano de laa relidad.
El expediente registra subsidios encubiertos, créditos blandos, condonaciones y reexportación de crudo. Dentro del CAME, la Unión Soviética vendía petróleo a Cuba a precios preferenciales y pagaba el azúcar cubana muy por encima del mercado mundial, un subsidio que los economistas estimaron en varios miles de millones de dólares anuales en su punto más alto.

Buena parte de ese petróleo se reexportaba en el mercado internacional para captar divisas, y durante los años ochenta el crudo reexportado llegó a ser la principal fuente de moneda dura de la isla. Cuentas que no salen en los libros de historia de la revolución, por supuesto.
Con Venezuela, el Convenio Integral de Cooperación firmado en octubre de 2000 fijó un año de gracia, quince años de plazo, intereses del 2% y la posibilidad de financiar entre el 5% y el 25% de la factura petrolera, con un envío inicial cercano a los 53.000 barriles diarios que superó los 100.000 hacia el final de la década, pagados en parte con médicos, entrenadores deportivos y otros profesionales cubanos.
Se estima que entre 1999 y 2025 esas transferencias sumaron decenas de miles de millones de dólares bajo esquemas concesionales. Llamar trueque equilibrado a ese entramado borra el hecho de que sin esas rentas energéticas externas la economía cubana habría sido incapaz de sostener su nivel de consumo y su aparato estatal, porque el modelo interno nunca produjo lo suficiente para pagar su propia factura de combustible.
Apertura estudiada bajo los casos de Vietnam y China…
Díaz-Canel sostuvo que se estudia los modelos de Vietnam y China adaptados a Cuba y que las transformaciones preservan el socialismo introduciendo mecanismos de mercado. El paquete que defiende, las 176 medidas organizadas en 23 ejes, lo anunció él mismo el 12 de junio y la Asamblea Nacional lo aprobó el 19.
Se autoriza la banca privada, las casas de cambio privadas, el capital extranjero en empresas privadas, la eliminación del tope de 100 trabajadores para las mipymes, la propiedad de varias empresas por una misma persona, el impuesto sobre el valor añadido, la conversión de las empresas estatales en sociedades por acciones y devaluaciones sucesivas, con la advertencia oficial de que las empresas que no soporten la devaluación serán liquidadas, junto al fin de los subsidios universales.
Cada licencia, cada acceso a divisas, cada permiso de importación y cada línea de crédito permanecen bajo el control político del mismo Estado. Quienes están mejor posicionados para acaparar los activos que ahora se vuelven transables y las rentas que generan son los cuadros del aparato, sus familiares, sus socios y el conglomerado militar GAESA.
Lo que se monta funciona como un capitalismo de casta bajo una dictadura de partido único. Los nombres que se le dan —socialismo, modelo híbrido, capitalismo de Estado— resultan todos imprecisos, y esa ambigüedad cumple una función: permite al régimen presentarse como revolucionario ante su base, promercado ante los empresarios y reformista ante los organismos internacionales sin comprometerse con un marco jurídico que limite el poder de la cúpula.
Vietnam y China, con todo su autoritarismo, levantaron marcos legales previsibles y replicables que sostuvieron décadas de inversión extranjera. La Habana, como siempre, ofrece opacidad.
El inversor está a salvo…
Cuando Cavada le preguntó qué garantías protegen a quien invierta frente a la costumbre del régimen de abrir y volver a cerrar, Díaz-Canel respondió que sí existen y que trabajan en mejorar ese marco. La mentira más comprometedora de la entrevista (no la más descarada).
Sobre el papel, Cuba tiene la Ley 118 de Inversión Extranjera de 2014, que promete protección contra expropiaciones arbitrarias y mecanismos de arbitraje, y ha anunciado un decreto para inversores emigrados que ni siquiera se ha publicado en la Gaceta Oficial, de modo que carece de vigencia.
La realidad jurídica es otra. Los tribunales carecen de independencia frente al Ejecutivo cuando el Estado decide cambiar las reglas. La Constitución de 2019 consagra al Partido Comunista como la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado, y los jueces y la Asamblea responden a esa estructura.
La confiscación de bienes sigue contemplada en el ordenamiento, y el historial reciente muestra cambios abruptos de normas y reversiones de aperturas cada vez que el régimen lo consideró conveniente, desde los ciclos de apertura y cierre del trabajo por cuenta propia en las últimas tres décadas.
Las figuras nuevas descansan en decretos fácilmente revocables. La única garantía real para un inversor es la relación con la cúpula que hoy le abre la puerta y mañana se la cierra. Hablar de garantías para inversores en Cuba equivale a vender humo y repartir engaños para ver quién cae en el mazo.
Díaz-Canel sensible al sufrimiento del pueblo, incluyéndose en el padecimiento…

Preguntado por su legado (una pregunta extremadamente absurda), Díaz-Canel dijo que ha trabajado por el pueblo y que le duele lo que están sufriendo. El contraste con su entorno familiar es de dominio público, lo cual hace de este teatro el peor de los actos.
Su hijastro, Manuel Anido Cuesta, hijo de Lis Cuesta y del académico José Anido Pérez, graduado de Derecho en la Universidad de La Habana en 2019 y presentado como asesor presidencial en giras a Rusia, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Corea del Norte y el Vaticano, vive en Madrid, presuntamente en el Barrio de las Letras, frente al Museo del Prado, donde un estudio se alquila entre 1.200 y 1.600 euros al mes y un piso de tres habitaciones entre 3.000 y 4.000.
Cursa un Programa de Fiscalidad Nacional para Profesionales en IE University Business School, con una matrícula superior a los 12.300 euros y un gasto mensual en la capital española que supera los 2.000. Se le ha fotografiado con un portafolio Montblanc valorado en unos 1.385 dólares en un encuentro con el expresidente iraní Ebrahim Raïsi y cenando en el restaurante Numa Pompilio del barrio de Salamanca junto a abogados vinculados al régimen, y mantiene una relación con la actriz Ana de Armas. Lo que está sufriendo…
A su madre se la ha visto con un reloj de 549 euros y antes con un Cartier de 13.000 dólares. El salario medio en Cuba ronda los 15 dólares mensuales al cambio del mercado informal. Un trabajador cubano necesitaría toda una vida para cubrir lo que ese círculo gasta en un mes, y el hombre que habla de dolor colectivo preside un modelo donde lo que llaman socialismo funciona como la plataforma que garantiza una vida de élite global a los suyos y apagones al resto.
El patrón detrás del libreto
Las mentiras del títere Díaz-Canel comparten una función. Operan como una pieza de imagen corporativa destinada a ganar oxígeno internacional y generar confianza, cercanía y empatía de personas o entidades que pueden sacar beneficios de la situación actual.
Pocas veces en la historia política moderna se ha visto tanto cinismo, hipocresía y tergiversación, todo digno de un caso de estudio cuando todo termina, porque debe hacerlo en algún momento…
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Máster en investigación, arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

