¿El universo tiene un límite?

El universo probablemente carece de borde. Pero ojo, eso no lo hace infinito. La cosmología actual distingue dos conceptos que el sentido común tiende a confundir: finito e ilimitado. La idea más aceptada hoy es que el universo puede ser finito en volumen y carecer al mismo tiempo de cualquier límite o frontera física. La paradoja es real, más que nuestra propia existencia…

El universo observable y el universo total

Hay que separar dos cosas distintas. El universo observable tiene un radio de aproximadamente 46,500 millones de años luz, cifra mayor que los 13,800 millones de años de edad del cosmos porque el espacio mismo se ha expandido mientras la luz viajaba. El universo total es lo que hay más allá de ese horizonte: espacio cuya luz simplemente no ha tenido tiempo de llegar hasta nosotros.

El horizonte del universo observable —llamado horizonte de partículas— es un límite de información, no una pared física. Más allá existe espacio. Solo que ese espacio está fuera de nuestro alcance, no se ha revelado.

Las tres geometrías posibles

¿El universo tiene un límite?

La física moderna contempla tres geometrías globales para el universo, determinadas por su densidad de materia y energía. La geometría plana o euclidiana, de curvatura nula, correspondería a un universo posiblemente infinito, extendido como una hoja de papel sin fin, y en ella la suma de los ángulos de un triángulo da exactamente 180°. La geometría esférica o cerrada, de curvatura positiva, daría un universo finito y sin borde, análogo a la superficie de una esfera. La geometría hiperbólica o abierta, de curvatura negativa, correspondería a un universo infinito con forma de silla de montar.

Las misiones COBE, WMAP y Planck apuntan a que el universo es casi plano a nivel local, lo que lo sitúa en el primer escenario o muy cerca de él.

La analogía de la esfera

El ejemplo más preciso es la superficie de una esfera. Un ser que viviese únicamente sobre esa superficie y caminase siempre en línea recta nunca encontraría un borde ni caería al vacío: daría la vuelta y regresaría al punto de partida. El universo podría funcionar igual en tres dimensiones. O sea, si viajaras en línea recta por el cosmos, podrías eventualmente regresar al mismo punto de partida sin haber cruzado ningún límite.

La topología del cosmos

Más allá de la geometría local, los cosmólogos estudian la topología global, la forma de conjunto del universo. Una posibilidad que investiga la colaboración internacional COMPACT es que el universo tenga forma de toro-3, un donut hiperdimensional. En esa topología el universo funcionaría como el videojuego Pac-Man: salir por un extremo significa aparecer por el opuesto. Un universo sin orillas pero acotado.

En 2025, análisis del Fondo Cósmico de Microondas exploraron topologías euclidianas más complejas, aunque sin confirmación definitiva.

La propuesta sin frontera de Hawking

Stephen Hawking y James Hartle propusieron en los años ochenta que el universo carece de borde tanto en el espacio como en el tiempo. El tiempo simplemente deja de tener sentido antes del Big Bang, igual que carece de sentido preguntar qué hay al sur del Polo Sur. En su último artículo antes de morir, Hawking predijo además que el universo es globalmente finito y más simple que un fractal infinito.

Lo que la ciencia admite

la expansión del universo

El científico Joseph Silk, consultado por la Agencia Espacial Europea, dice, simplemente, que no lo sabemos, y quizá nunca lleguemos a saberlo. La razón es de principio. Cualquier región más allá del horizonte observable está permanentemente fuera de nuestro alcance informativo; la expansión acelerada del universo hace que esas regiones se alejen más rápido que la luz.

La gravedad cuántica sugiere además que el espacio podría perder su geometría clásica a escalas inferiores a la longitud de Planck —1,6 × 10⁻³⁵ metros— el umbral donde la física actual deja de funcionar.

La respuesta filosófica

Desde la filosofía, la pregunta sobre el borde del universo toca la distinción kantiana entre el universo como fenómeno —lo que podemos observar y medir— y el universo como noúmeno, la realidad en sí, que podría ser para siempre inaccesible a nuestra razón. La cosmología moderna no resuelve esa tensión. Confirma que los instrumentos disponibles no detectan ningún borde, pero tampoco pueden demostrar el infinito. El cosmos vive cómodamente en la paradoja: finito para nuestros instrumentos, ilimitado en su arquitectura tal vez.

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