Qué es la conciencia y por qué sigue siendo un misterio

En 1998, el neurocientífico Christof Koch apostó con el filósofo David Chalmers que en veinticinco años se habrían identificado los correlatos neuronales de la conciencia. En 2023 pagó la apuesta con una caja de vino…

la conciencia

El problema de la palabra en español

El inglés separa consciousness —estado mental, experiencia subjetiva— de conscience —facultad moral, sentido ético—. El español no. “Conciencia” carga con ambos sentidos, y el latín conscientia, de cum scire, tuvo carga moral antes que epistémica. En lo que sigue, el término refiere a la experiencia subjetiva, al qué se siente de percibir, pensar o sentir.

Dos tipos de conciencia

La distinción que ordena el debate contemporáneo la formuló Ned Block en 1995 y separa dos cosas que el lenguaje ordinario junta. La conciencia de acceso es la disponibilidad de un contenido para el razonamiento, el reporte verbal y el control de la conducta. La conciencia fenoménica es el carácter cualitativo de la experiencia, el qué se siente; no se define por función sino por cualidad.

Si las dos cosas se separan realmente, el problema difícil es inevitable. Si no se separan, la ciencia cognitiva basta para explicar la conciencia y la sensación de que falta algo es un artefacto del propio mecanismo.

El problema difícil

La metáfora del agua y el vino —el agua del cerebro físico se convierte en el vino de la conciencia, y quedamos en blanco sobre esa conversión— es de Colin McGinn, en Mind (1989), seis años antes de que Chalmers acuñara “problema difícil”. Chalmers preguntó por qué los procesos físicos van acompañados de experiencia subjetiva en lugar de ocurrir a oscuras.

McGinn respondió que el problema es real pero cerrado a nuestras capacidades cognitivas por razones estructurales, igual que la sintáxis está cerrada a una rata. En 2018 el propio Chalmers concedió que explicar por qué a los sistemas cognitivos les parece que tienen qualia podría resolver o disolver el problema difícil.

Las teorías que compiten

El campo tiene hoy seis o siete programas de investigación rivales con predicciones concretas. Baars, Dehaene y Changeux sostienen que un contenido se vuelve consciente cuando gana una competencia y se difunde a una red distribuida con participación prefrontal; en su modelo la conciencia es acceso, y la fenomenalidad no se trata como problema aparte.

Giulio Tononi propone que un sistema es consciente en la medida en que su estructura causa-efecto es irreducible a sus partes, cantidad medida por phi, y que el sustrato relevante es el córtex posterior; una simulación funcionalmente idéntica en hardware digital carecería de conciencia.

Anil Seth, desde el procesamiento predictivo, describe la experiencia consciente como una alucinación controlada y el yo mismo como una construcción predictiva anclada en la regulación corporal. Dennett y Keith Frankish prescinden de la explicación de los qualia porque los consideran una ilusión cognitiva; lo que habría que explicar es por qué a los sistemas cognitivos les parece que los tienen.

COGITATE y el experimento de 2025

En junio de 2025, Nature publicó el resultado de COGITATE. El diseño es lo relevante: Dehaene y Tononi acordaron de antemano qué predecía cada teoría y qué contaría como refutación, un consorcio neutral ejecutó los experimentos con 256 personas medidas en resonancia funcional, magnetoencefalografía y electroencefalografía intracraneal, y el plan de análisis quedó sellado antes de abrir los datos.

Ninguna de las dos teorías salió confirmada. La información integrada quedó comprometida por la ausencia de sincronización sostenida en el córtex posterior. El espacio de trabajo global quedó comprometido por la falta de ignición al final del estímulo. La conclusión razonable es que el campo carece de un marco cuantitativo para poner a prueba teorías de forma sistemática, y que las predicciones que cada teoría dice hacer son menos nítidas de lo que sus defensores creen.

Cuando la filosofía se vuelve clínica

La conciencia es un asunto clínico antes que metafísico para varios miles de pacientes. En agosto de 2024, el New England Journal of Medicine publicó el estudio de Yelena Bodien y colaboradores sobre 241 pacientes sin ninguna respuesta observable a órdenes verbales. Sesenta de ellos, el 25 por ciento, mostraron respuestas detectables en resonancia funcional o electroencefalografía de tarea. Entienden lenguaje, retienen instrucciones y sostienen atención durante minutos, sin ningún signo externo. Las decisiones de retirada de soporte vital se toman hoy, en la mayoría de los centros, sin las pruebas que detectarían a ese 25 por ciento.

Dónde está el desacuerdo real

El desacuerdo real es sobre qué contaría como explicación, no sobre los datos. Un bando sostiene que cuando hayamos descrito todos los mecanismos de acceso, integración, reporte y control, habremos explicado la conciencia. El otro sostiene que esa descripción, por completa que sea, deja sin tocar la pregunta de por qué esos procesos van acompañados de experiencia en lugar de ocurrir a oscuras. La disputa es sobre el criterio de explicación, y por eso los datos no la resuelven. Ese es el estado del asunto en 2026.

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