Un ensayo literario es un texto en prosa donde alguien piensa un tema por escrito y a título personal. Así de simple, y así de raro hoy.

Quién inventó el ensayo
En la escuela te lo enseñaron mal, eso seguro. Introducción, desarrollo, conclusión, tres cuartillas para el viernes. Eso es una tarea. El ensayo empieza en 1571, en una torre del suroeste de Francia, cuando un señor de 38 años llamado Michel de Montaigne se encerró a leer y a escribir sobre lo que le diera la gana. La amistad, los caníbales, el miedo, sus piedras en el riñón.
Nueve años después publicó el resultado y le puso por título Essais. Intentos, pruebas. La palabra viene del latín exagium, el acto de pesar algo en una balanza.
Fíjate en eso. El género nace con un hombre que avisa desde el título que está probando.
Cuál es la diferencia entre un ensayo y un tratado
La Real Academia lo define como un escrito en prosa donde un autor desarrolla sus ideas “con carácter y estilo personales”. Carácter y estilo. O sea, el que escribe está ahí, opina y responde por lo que opina.
En un tratado el autor se esconde detrás del método y te entrega el tema completo, ordenado y cerrado. En un ensayo agarra una esquina del tema —la que le quita el sueño— y te deja ver cómo la va pensando.
Ortega y Gasset en 1914 recetó que el ensayo es la ciencia menos la prueba explícita. Rigor hay, y mucho. Lo que falta es el andamio a la vista.
Alfonso Reyes, mexicano, le puso en 1944 el mejor apodo que tiene, el centauro de los géneros. Mitad una cosa, mitad otra. En un mismo texto caben el argumento, el recuerdo, el dato, el chiste y la descripción de una calle. Cabe todo si la cabeza que lo junta sabe lo que hace.
Por qué el ensayo es un género literario
Es literatura porque la manera de decirlo forma parte de lo que se dice. Un informe se resume y no pierde nada. Un buen ensayo resumido se muere, igual que un poema explicado.
Yo no sé hacer otra cosa que leer y escribir, y quien escribe sabe que media idea aparece con la oración ya empezada. En la palabra que se descarta. En la que se queda.
Dos pruebas cubanas. “Nuestra América”, de Martí, salió en enero de 1891 en una revista de Nueva York y ese mismo mes en un periódico de México. Son unas pocas páginas sin una sola nota al pie, y llevan más de un siglo discutiéndose. Jorge Mañach le dedicó en 1928 un ensayo entero al choteo, esa maña nuestra de no tomar nada en serio, y lo hizo muy en serio.
Ninguno de los dos se puede contar en un párrafo sin que deje de ser lo que es.
Para qué sirve un ensayo hoy
El algoritmo te exige hablar de una sola cosa hasta el cansancio. La IA te devuelve el promedio de lo que ya se dijo. Hoy todo suena igual de panfletario. El ensayo va en dirección contraria a los dos, aunque se intente forzar a dejarlo en la deriva de los que escribe libros con Chat GPT…
El ensayo pide a una persona concreta, con sus manías y huellas de escritura, muy a tono por lo general con su identidad personal. Theodor Adorno escribió que la ley más íntima del ensayo es la herejía.
Es la unión entre inteligencia, subjetividad y belleza verbal, con un poco de perspicacia y manejo del ritmo del lector, lo que hace del ensayo una obra literaria. A fin de cuentas, la literatura está en todo lo que se lee, y no se limita a las letras, aunque no lo parezca.
El ensayo es una literatura de ideas…

Máster en investigación, arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

