La petrolera australiana Melbana Energy se retira de todas sus operaciones en Cuba. La sanción estadounidense contra CUPET fue el detonante, pero el proyecto estrella del régimen para exportar crudo de alta calidad ya estaba muerto antes de que Washington actuara.
El Bloque 9 —la gran apuesta del castrismo tardío por una futura autonomía energética— queda paralizado en el peor momento posible. Los apagones entran en una fase aún más descarnada.

La vitrina que prometía soberanía
Durante años, La Habana convirtió al Bloque 9 —un área de más de dos mil kilómetros cuadrados entre La Habana y Varadero— en vitrina discursiva de un futuro inminente de soberanía energética.
La combinación de capital extranjero, tecnología foránea y un supuesto potencial petrolero interno permitiría reducir la dependencia de importaciones y generar divisas mediante la exportación de crudo. Melbana Energy y la estatal angoleña Sonangol aparecían como socios perfectos para ese relato de modernización en medio del colapso.
El pozo que nunca dio
La realidad fue otra. El proyecto llegó técnicamente herido a las sanciones: pozos de evaluación con resultados muy por debajo de las expectativas, dificultades para lograr un flujo comercial estable y retrasos constantes provocados por los propios apagones que afectaban la logística de perforación.
A eso se sumó Sonangol, que acumuló impagos millonarios hasta poner en cuestión su permanencia en el contrato. El Bloque 9 se fue pareciendo menos a un polo de desarrollo y más a una trampa de riesgo creciente para cualquier operador que no viviera de la propaganda.
El golpe de Washington
La designación de CUPET por parte del Departamento del Tesoro de Estados Unidos fue el golpe final. El problema venía de antes. En un mundo donde el sistema financiero occidental sigue siendo la plataforma central de pago, financiación y seguros, ninguna empresa que cotice en bolsa puede aparecer asociada formalmente a una compañía sancionada sin arriesgar su acceso a capital y mercados.
Melbana sale de Cuba por supervivencia corporativa y obediencia al manual de cumplimiento normativo que rige para cualquier actor serio.
El efecto práctico es devastador para La Habana. Sin un operador con capacidad técnica, acceso a financiamiento y voluntad de asumir el riesgo, el Bloque 9 queda congelado. Lo que se derrumba es la principal apuesta narrativa del castrismo tardío, la promesa de que en algún momento esa autonomía energética llegaría gracias a ese bloque.
Los aliados que no pagaron

Hay además una dimensión geopolítica que el régimen preferirá ignorar. El supuesto bloque de aliados que sostendría a Cuba frente al aislamiento occidental muestra grietas profundas. Angola, heredera de viejas lealtades de la Guerra Fría, dejó claro con sus impagos que la solidaridad tiene límites cuando las cuentas no cierran.
Australia, como socio estratégico de Washington, no iba a permitir que una empresa listada en bolsa sacrificara su futuro global por un contrato con una empresa recién sancionada. El castrismo tardío descubre que la geopolítica energética del siglo XXI prescinde de la nostalgia revolucionaria.
El libreto del victimismo
La respuesta de CUPET, denunciando sanciones arbitrarias, repite el libreto conocido: victimismo externo, cero autocrítica interna. El régimen carece de una hoja de ruta creíble para renovar infraestructura, reducir pérdidas, asumir el costo tecnológico del sector o revisar el modelo centralizado que convirtió a la energía en instrumento de control antes que en servicio público. La sanción desnuda la crisis. La crisis existía antes de la sanción. La salida de Melbana le pone fecha y hora a la defunción de un proyecto que era ya una promesa vacía.
Radiografía de un modelo agotado
El caso del Bloque 9 es una radiografía del agotamiento estructural del modelo cubano. Un Estado que prometió luz para todos queda atrapado en su propia oscuridad energética. La presión financiera externa aceleró el desenlace, pero llegó a un campo cuyas reservas más importantes ya eran simbólicas: el relato de que todavía era posible una salvación sin cambios de fondo.
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Máster en investigación, arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

