
La entrevista a Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto predilecto de Raúl Castro, por USA Today, dejó claro lo que ha sucedido en Cuba durante décadas de engaño. El secreto a voces se ha destapado, en Cuba hay un rey no proclamado y la miseria del país es el eje que lo llevó a su silla de poder.
Un político que no le interesa la política
El Cangrejo se presenta ajeno a la política, pero ocupa hoy, literalmente, el asiento del poder en La Habana: la antigua sala de mando situada en la parte alta del Palacio de Convenciones, sede de la Asamblea Nacional.
“No me considero un político. Nunca me ha interesado la política”, afirmó USA Today en su entrevista como palabras textuales del Cangrejo. Su rutina desmiente esa frase: se levanta alrededor de las cinco de la mañana, revisa informes clasificados de los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y las Fuerzas Armadas, los guarda en un portafolio de cuero Salvatore Ferragamo y los comenta más tarde con su abuelo, “a veces durante el almuerzo”.
Su apellido es lo único que sustenta dicho rol ¿No debería ser el supuesto presidente de Cuba quien ocupe ese espacio? Hay una contradicción entre la legalidad institucional y la práctica del poder en la isla. El uso de ese espacio por parte de El Cangrejo responde a una herencia de autoridad informal basada en su parentesco y en su rol de confianza dentro del esquema de poder familiar y militar de los Castro.
La revolución como familia y patrimonio

La entrevista reconstruye una infancia y juventud dentro de la burbuja del régimen. Cuenta Rodríguez Castro que su abuelo se aseguró de que, desde muy joven, asistiera “a todas las reuniones importantes sobre los asuntos del Estado cubano, incluidas largas y acaloradas discusiones entre Fidel y Raúl Castro”. Estudió en el sistema público de educación y se graduó de la Universidad de La Habana en Contabilidad y Finanzas, con paso por la escuela militar “Los Camilitos”: el perfil típico de cuadro técnico-militar formado para sostener el aparato.
Su defensa moral del legado familiar es explícita. Relata que leyó por primera vez algo negativo sobre los Castro a los 12 años y lo descartó de inmediato: “Yo conozco a estos hombres. Son buenas personas.” Y añadió: “Los hombres que hicieron esta revolución eran justos, pero no eran bobos.”
La Revolución no ha sido más que un mecanismo para establecer una dinastía con núcleos y representaciones, con el apellido Castro como “jefe de los jefes”.
Privilegios e hipocrecía
El nieto se reconoce como beneficiario directo de un nivel de privilegios inaccesible para el puebo cubano. En una isla marcada por décadas de escasez casi permanente, Rodríguez Castro disfruta de acceso a aviones privados, yates de lujo y la posibilidad de viajar libremente, mientras recorre el mundo como agregado de Raúl Castro. Nueva York y partidos de los Yankees, romanticismo y gastronomía de París. Cinismo total. El medio expone que El Cangrejo imagina una Cuba “donde sus ciudadanos puedan comprar foie gras en los supermercados”.
Frente a ese retrato de oligarca globalizado, la respuesta: “Me duele mucho que las personas no puedan vivir como yo. Mi mayor pesar es que la gente pase trabajo. Pero me levanto todos los días para revertir esa situación.”
Se presenta como alguien que usa su influencia para mitigar el sufrimiento, preservando el lujo y la arquitectura de privilegios que lo sostiene. Cuando se le recuerda la fortuna estimada de Fidel —unos 900 millones de dólares según Forbes, cifra que el líder rechazó— y la vinculación de la familia, especialmente a través de GAESA, Rodríguez Castro insiste en que no posee riqueza propia. Asegura que su ropa de diseñador, vehículos de lujo y viajes internacionales son financiados por “amigos adinerados y admiradores”. Sí, lo dijo tal cual…
GAESA y el poder económico bajo relato de servicio
La entrevista entra de lleno en el corazón económico del régimen: GAESA, el conglomerado controlado por las Fuerzas Armadas que ha funcionado como columna vertebral del capitalismo militar cubano. Rodríguez Castro “ayuda a supervisar GAESA, participa en algunas de sus operaciones y actúa como enlace entre el conglomerado y su abuelo”, pero rehúye la categoría de poder económico concentrado. Afirma que el término que mejor describe su función es “apoyar” y sostiene que GAESA representa “una porción mucho menor de la economía cubana de lo que habitualmente se informa, alrededor del 15%”, cifra que contradice estimaciones que sitúan su peso en rangos de 30-40% del PIB y hasta cerca del 90% del comercio minorista.
Afirma además que esos recursos se destinan a “la compra de alimentos, medicinas y combustible”, desplazando la imagen de conglomerado opaco y concentrador de renta hacia la de estructura técnica al servicio de la supervivencia del pueblo. USA TODAY no pudo verificar de forma independiente ninguna de esas afirmaciones, y así textual lo dejó saber. Ahí aparece con claridad el discurso que busca legitimar el control militar-empresarial: GAESA como instrumento imprescindible para sostener las necesidades básicas en un país bloqueado y en crisis, aunque los indicadores sociales y la desigualdad interna apunten a otra dirección.
Un interlocutor designado con Washington
Donde la entrevista adquiere dimensión geopolítica es en el papel que Rodríguez Castro se atribuye en la relación con Estados Unidos. Afirma que “podría tratar directamente con el presidente Donald Trump”. Añade además: “Si me designan puedo negociar con cualquiera seleccionado por el gobierno de Estados Unidos. Dada la oportunidad, claro que con Trump.”
A lo largo del texto se detalla una red de contactos formales e informales: canales de comunicación directos e indirectos con altos funcionarios estadounidenses como el secretario de Estado Marco Rubio, empresarios bien conectados, personas cercanas a la Casa Blanca, incluido Victor Mellor, candidato republicano al Congreso por Rhode Island que viajó dos veces a La Habana en junio para reunirse con él, y reuniones con Jeremy Lewin, funcionario que supervisaba la asistencia exterior estadounidense, y con el director de la CIA, John Ratcliffe.
Reformas económicas sin transformación política

Rodríguez Castro se presenta también como impulsor clave del nuevo plan de reformas económicas. Según la entrevista, “Cuba está cumpliendo con su parte al impulsar lo que considera reformas profundas e históricas a su economía estatal. Asegura que “utilizó su influencia para sacar adelante esas reformas” y subraya la “concesión más significativa”: compensar a cubanos y estadounidenses cuyos bienes fueron confiscados durante la revolución.
En entrevistas previas, Rodríguez Castro ha sintetizado el objetivo como “lograr un modelo económico que sea más abierto, que tenga mayor participación del capital privado nacional y extranjero”, pero sin “transformar el sistema político cubano”. Incluso sostiene que, bajo condiciones adecuadas, el gobierno estaría dispuesto a liberar a “personas consideradas presos políticos”, mientras el Departamento de Estado califica las medidas como un “simple gesto de apariencia, sin cambios de fondo”. El uso de la expresión para referirse a los presos políticoa es un detalle no menor. Al decir “consideradas” descarta el reconocimiento de tal condición y lo delega a interpretación, jugada típica de la narrativa del régimen cubano para no reconocer lo que todos saben.
¿Príncipe heredero del terror o nodo funcional del sistema?
La incógnita central es qué ocurrirá con su autoridad cuando falte su abuelo. La historia de sucesiones familiares en regímenes autoritarios depende de quién controla las Fuerzas Armadas más que de la línea genealógica. El principal jefe militar hoy, el general Álvaro López Miera, aliado incondicional de Raúl desde la juventud, es una variable que la pieza menciona pero no despeja. La emergencia de “El Cangrejo” como rostro visible de un poder antes más opaco sugiere que la familia prepara una narrativa de continuidad: la herencia del Estado, antes que su entrega. Esto en caso de que no esté haciendo su propia jugada…
Un palacio en penumbra y una noche de lujo
La escenografía que rodea a Rodríguez Castro en la entrevista sintetiza el contraste entre país en crisis y cúpula en hedonismo controlado.
Días después, la escena se desplaza al restaurante El Antojo, en La Habana Vieja.
La imagen que queda, más allá del retrato humano, es la de un sistema que ha convertido la revolución en patrimonio familiar y el Estado en empresa: un heredero sin cargo, rodeado de símbolos de lujo y escasez, que promete prosperidad ilimitada a un pueblo sin luz ni derechos, mientras se ofrece como interlocutor confiable para negociar con Washington la continuidad del orden que lo sostiene y del cual no se quiere salir. La dinastía pretende, ya dicho antes, formalizar e institucionalizar su poder en bienes de la isla.
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Máster en investigación, arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

