Inflación económica en Cuba: euro a 600 pesos y colapso monetario total

La inflación económica en Cuba está completamente desbordada. El euro cruzó la barrera de los 600 pesos cubanos en el mercado informal. Un año antes, la misma moneda se movía en el entorno de los 350 pesos…

Inflación económica en cuba

Inflación y contracción: el doble filo de la estanflación

La Cuba de 2026 combina dos procesos que se retroalimentan con una lógica destructiva. El primero es la inflación. La Oficina Nacional de Estadística e Información registra una inflación oficial del mercado formal de 24,88% en 2024 y de 14,07% en 2025; el Gobierno presenta esa caída como una desaceleración.

El economista Pavel Vidal calcula que, si se incorpora el mercado informal —hoy dominante en la economía real—, la inflación de 2025 rondó el 70%, en gran medida por la escalada de alimentos y servicios básicos.

Las propias cifras oficiales reconocen que entre 2021 y 2025 el índice de precios al consumidor triplicó sus valores: 77% en 2021, 39,07% en 2022, 31,34% en 2023, 24,88% en 2024 y 14,07% en 2025.

El segundo proceso es la contracción económica. La caída acumulada del PIB supera el 11-15% en el último quinquenio. Desastroso. El resultado de ambos procesos combinados es la estanflación: la economía se contrae o se estanca mientras los precios siguen subiendo.

Es el peor escenario posible para los trabajadores de ingresos fijos, porque la expansión monetaria que el Estado usa para cubrir el déficit fiscal alimenta la inflación sin generar el crecimiento que justificaría ese gasto.

La dolarización que el gobierno llama estrategia

dolarización en cuba

En este contexto se ha ido consolidando una dolarización parcial de la economía cubana que el propio régimen reconoce y administra. La Gaceta Oficial 89 de 2025 amplió e institucionalizó el uso del dólar y otras divisas como medio de pago y reserva de valor dentro del país.

El ministro de Economía, Joaquín Alonso, ha afirmado en foros de economistas que la dolarización parcial no es temporal sino parte de la estrategia oficial, con la idea de avanzar en la dolarización para, eventualmente, revertirla en el futuro.

Claro…

La única pretensión de esto es resguardar a la cúpula militar con moneda que puede utilizar para retroalimentar su sistema de control. Pequeños comercios, pequeñas empresas, operan con esta moneda y se perciben “afortunados”. El resto, sigue con un salario que no vale nada.

El resultado es un sistema segmentado y altamente ineficiente: quienes tienen acceso a divisas —por remesas, turismo o exportaciones— pueden participar en el circuito dolarizado; quienes dependen del ingreso estatal en pesos quedan atrapados en el circuito que pierde valor cada mes. La segmentación refuerza la inflación porque el mercado informal, donde la mayoría compra lo que el Estado no provee, opera en pesos que se devalúan de forma acelerada.

El salario estatal: números que se deshacen

Cuba hoy

Los datos oficiales de la ONEI muestran la trayectoria nominal del salario medio estatal: 4.209 pesos en 2020, 4.237 en 2021, 4.777 en 2022, 5.070 en 2023. En 2024 el sueldo medio subió alrededor de un 25%, situándose cerca de los 5.839 pesos; en 2025 habría llegado a la franja de 6.500-6.800 pesos, según cifras divulgadas.

6.800 pesos con un dólar a 520 pesos equivalen a unos 13 dólares mensuales. Con el euro en 600 pesos, son poco más de 11 euros al mes.

Los estudios sobre dolarización en Cuba concluyen que la combinación de inflación alta y devaluación redujo considerablemente el impacto positivo de los aumentos salariales y limitó la capacidad del sector estatal para crear incentivos al trabajo.

La consecuencia práctica es lo que los economistas llaman “desutilidad del trabajo”: para miles de cubanos, el salario estatal no compensa el esfuerzo. Eso empuja a abandonar el sector formal, a emigrar o a combinar empleo estatal con actividades informales como única estrategia de supervivencia viable.

El cubano sin remesas: la mayoría más vulnerable

El grupo más castigado por este proceso es el que depende en exclusiva de salarios, pensiones o ayudas en pesos cubanos. Las investigaciones sobre inflación y poder adquisitivo en el contexto cubano señalan que, desde 2020, los ingresos fijos han perdido entre el 60 y más del 80% de su capacidad de compra, especialmente en alimentación.

Los datos de la ONEI y los análisis de economistas muestran que los alimentos explican más de la mitad del aumento de precios entre 2021 y 2025; entre mayo y diciembre de 2025, el alza de los alimentos representó cerca del 58% del efecto total sobre el índice de precios al consumidor.

Los productos que más han subido son los de consumo básico: arroz, frijoles, aceite, carne de cerdo, pollo, pan y transporte. Bueno, ha subido absolutamente todo. En términos de experiencia cotidiana, esto significa dietas deterioradas, sustitución de alimentos por otros de menor calidad, reducción del consumo de medicinas y transporte, y un incremento del tiempo dedicado a colas, mercados informales y estrategias de resolver día a día.

Organismos y organizaciones no gubernamentales han advertido que cerca del 80-90% de la población vive en condiciones de pobreza o pobreza extrema, en un contexto de apagones recurrentes y crisis alimentaria sostenida.

No puede ser más triste…

Las remesas también pierden terreno

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Las remesas son un pilar de la economía cubana. Estudios sobre la contribución de los cubanos en el exterior calculan que representan entre el 6 y el 8% del PIB, por encima de muchas exportaciones tradicionales. Solo una fracción de los hogares —aproximadamente un cuarto, según diversas estimaciones— recibe remesas regulares, y esos hogares parten de una posición relativamente mejor porque pueden acceder a divisas y al circuito dolarizado.

Sin embargo, la inflación alcanza también a quienes reciben remesas por varios mecanismos simultáneos. Cada salto del tipo de cambio eleva los precios en pesos y en divisas, de modo que 100 dólares o euros compran menos bienes que antes.

La inflación en los países emisores —Estados Unidos, Europa— reduce además la capacidad de los migrantes para sostener o aumentar los montos enviados; remesas que hace unos años eran asumibles hoy suponen un esfuerzo considerablemente mayor para el remitente.

El Estado, por su parte, intenta canalizar las remesas hacia circuitos oficiales mediante cuentas específicas, tiendas en divisas, comisiones y tipos de cambio menos favorables, lo que disminuye su rendimiento social efectivo. No les interesa el pueblo cubano, les interesa seguir engordando sus arcas mientras dan discursos en las plazas con la barriga repleta.

La inflación futura: por qué persisten las presiones

Los datos de 2026 no permiten hablar de estabilización sólida. La inflación interanual oficial cayó al entorno de 12-13% a inicios de año, la tasa más baja desde 2020, pero en marzo se observó un repunte hasta 13,42%, según la ONEI y agencias internacionales. El Centro de Estudios de la Economía Cubana admite que las estimaciones no oficiales sitúan el aumento real de la canasta básica en torno al 70%, lo que sugiere presiones inflacionarias estructurales que las cifras oficiales no capturan, o más bien, no quieren capturar.

La CEPAL y el propio Gobierno proyectan un crecimiento del PIB cercano a 1% en 2026. Primero, es una mentira descarada. Segundo; aun siendo cierto, es insuficiente para revertir años de contracción o para reducir el déficit fiscal sin recurrir a nueva emisión monetaria.

Las condiciones que sostienen la inflación permanecen intactas, con riesgos de nuevos picos ante cada crisis energética, de suministros o de credibilidad.

Una fábrica de desigualdad

desigualdad social en cuba

La moneda nacional ha dejado de cumplir sus funciones para convertirse en un instrumento de empobrecimiento gradual de quienes dependen de ella. El trabajo en el sector estatal hoy roza la esclavitud en su peor faceta moderna.

La combinación de colapso del peso, inflación crónica y dolarización parcial produce lo que los economistas que estudian el caso cubano llaman una fábrica de inequidad: vacía de sentido el salario estatal, erosiona progresivamente el poder de las remesas y condena a la mayoría de la población a estrategias de supervivencia que consumen el tiempo y la energía que en otras condiciones se invertirían en trabajo productivo, educación o descanso. Ese es el costo real del dato cambiario. Ese es el país que el número condensa.

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