El sueño y la idea: aprende esta diferencia

El sueño entrega una imagen sin trayecto. La idea entrega una instrucción para construir el trayecto. Hay mil maneras de mostrar la diferencia entre sueño e idea. Aquí algunas para entender por qué es importante distinguir ambos estados.

Dos causas distintas

Aristóteles ofrece el vocabulario exacto en la Física, libro II, cuando distingue la causa final de la causa eficiente. La causa final responde por qué existe algo, aquello hacia lo cual la cosa tiende. La causa eficiente responde qué produjo el movimiento, el golpe concreto que puso la piedra en marcha. El sueño ocupa el lugar de la causa final y la idea ocupa el de la eficiente, y la mayoría de las vidas frustradas consisten en una acumulación de causas finales sin una sola eficiente que las acompañe.

La etimología conserva la huella de un origen común. Idea viene de ideîn (ver), y designa primero una forma vista con los ojos de la mente. El sueño también entrega imágenes. Ambos empiezan como visiones y se separan por lo que hacen con ellas después. La idea somete su imagen a la pregunta por el próximo paso. El sueño conserva la imagen intacta, la pule, la mejora con los años, la vuelve más nítida cada vez que la visita.

De manera sencilla, la idea es el boceto de un plan, mientras que el sueño es el objetivo alcanzado sin pensar en cómo lograrlo.

Uno se tiene y el otro tiene a quien lo carga

La idea se comporta como un objeto. Se anota, se olvida, se roba, se regala, se le pone fecha. Dos personas discuten quién la tuvo primero y esa discusión tiene sentido, porque una idea circula entre cabezas sin perder su forma. Existen contratos que la transfieren y pleitos que la disputan.

Con el sueño ocurre lo contrario. Nadie plagia el sueño ajeno, y la frase misma suena mal. Un sueño describe un estado del que lo carga antes que un contenido separable, y por eso resulta intransferible, incomunicable en su intensidad, y sordo a los argumentos.

El sueño sobrevive porque no ocurre

Aquí aparece la propiedad más extraña. Un sueño cumplido deja de existir. Mientras permanezca sin cumplir, ningún hecho lo refuta. Se pospone, se aplaza, se guarda para cuando las condiciones mejoren, y en ese aplazamiento conserva la perfección que tenía el primer día. La idea muere de dos maneras, ejecutándose o fallando, y ambas la consumen. Quien vive de sueños nunca pierde, pero nunca termina. Quien tiene ideas se expone a no concretarlas, o a avanzar por la experiencia de esas ideas. En ambos casos, existe la posibilidad de cambiar de sueños, o abandonarlos, y cambiar de ideas, o descartarlas.

Los verbos que le faltan y debes poner

El sueño habla en imágenes y en sustantivos: la casa, el premio, el viaje, el reconocimiento, el libro publicado. La idea, en cambio, nace cuando se le injertan verbos a esa imagen: escribir, llamar, ahorrar, aprender, renunciar, insistir. Un sueño sin verbos siempre está “allí”, lejos, intacto; una idea, apenas se redacta, empieza a desfigurarse en la fricción con el tiempo y con la realidad.

En ese sentido, “tener sueños” puede ser una forma elegante de aplazar la decisión sobre qué verbos se está dispuesto a conjugar. Soñar es gratis mientras no se pregunte qué requiere el sueño de quien sueña. En cambio, una idea exige su lista incómoda de acciones, horarios, renuncias y pruebas, y por eso fatiga más rápido que el sueño. Ojo, ambos son importantes. Un sueño bien calibrado es esperanza, alimenta la voluntad y la determinación. Una idea, bueno, una idea fijada te hace invencible…

Añade acción y construye los pasos del sueño a la idea de cómo lograrlo, y con el cómo, responde con acción.

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