Estados Unidos y Arabia Saudita firman pacto nuclear inédito

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Estados Unidos y Arabia Saudita formalizaron el 22 de julio de 2026 el denominado “Acuerdo 123”, suscrito por el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, y el ministro de Energía saudí, el príncipe Abdulaziz bin Salman, junto con un acuerdo bilateral de salvaguardias.

La presión de Mohammed bin Salman y la carta chino-rusa

El príncipe heredero saudí utilizó como palanca de negociación la posibilidad de recurrir a potencias rivales: Riad había explorado ofertas de China, Rusia y Francia para construir su primera planta nuclear, ante la renuencia inicial de Washington a permitir el enriquecimiento de uranio en suelo saudí.

Esta estrategia buscaba forzar a Estados Unidos a flexibilizar sus condiciones tradicionales de no proliferación, dado que Riad consideraba que el estándar exigido en acuerdos previos —como el firmado con los Emiratos Árabes Unidos en 2009— era incompatible con sus ambiciones de desarrollo nuclear autónomo. La amenaza de una alternativa no estadounidense resultó decisiva para que la administración Trump cediera en el punto más sensible del acuerdo: la exclusión del llamado «Estándar Oro» de no proliferación.

Ruptura con el estándar de no proliferación

El acuerdo 123 firmado con Emiratos Árabes Unidos en 2009 incorporó el Estándar Oro, comprometiéndose a no enriquecer uranio ni reprocesar combustible nuclear gastado. El pacto con Arabia Saudita omite esa restricción central. El documento prescinde también del Protocolo Adicional del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), el instrumento que otorga a los inspectores internacionales facultades de inspección amplia y sorpresiva sobre instalaciones no declaradas.

En su lugar, se firmó un acuerdo bilateral de salvaguardias con mecanismos de verificación más limitados, lo que deja a Washington sin garantía de acceso a instalaciones potencialmente encubiertas. Según los términos reportados, el acuerdo habilita un estudio conjunto de dos años para determinar si el enriquecimiento en suelo saudí es viable y necesario; si se concluye que no lo es, Arabia Saudita no podría enriquecer uranio de forma independiente ni con otro socio extranjero durante una década.

Legisladores demócratas y varios especialistas en no proliferación advirtieron que la exención constituye una vía técnica hacia el desarrollo de capacidades de armamento nuclear, en momentos en que Estados Unidos e Israel sostenían acciones militares contra el programa nuclear de Irán bajo la premisa contraria. La organización Arms Control Association y analistas de la Fundación para la Defensa de las Democracias calificaron el pacto como un precedente peligroso que podría acelerar una carrera armamentística regional en Oriente Medio.

El negocio para Westinghouse y el interés comercial

Para la administración Trump, el acuerdo representa ante todo una oportunidad comercial multimillonaria. Sus disposiciones que exigen contratistas estadounidenses en las etapas de construcción y desarrollo favorecen de facto a Westinghouse, fabricante de los reactores de agua ligera AP1000 que Arabia Saudita busca adquirir, aunque el texto prescinda de nombrarlo.

El acuerdo establece una fuerte preferencia por proveedores estadounidenses en todas las fases del programa, y autoriza a Riad, en casos de necesidad, a buscar materiales o tecnología en otros mercados. Cualquier actividad de enriquecimiento en territorio saudí quedaría, según los términos difundidos, bajo control de empresas estadounidenses que emplearían tecnología no compartida con los sauditas, lo que en teoría limitaría el riesgo de proliferación mientras Washington capta el negocio antes que sus competidores geopolíticos.

El giro de última hora y la condición sobre Israel

Un día después de la firma, el presidente Trump añadió públicamente en Truth Social una condición ausente del anuncio original: supedito la implementación del acuerdo a que Arabia Saudita se uniera a los Acuerdos de Abraham y normalizara relaciones diplomáticas con Israel. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó la postura con dureza: “Si no se unen a los Acuerdos de Abraham, el acuerdo queda cancelado.” La reacción saudita fue inmediata y desafiante: un funcionario del reino declaró que el documento “ya fue firmado, así que no hay nada que renegociar.”

Esta condición revive una disputa de meses. Riad ha mantenido que solo normalizará relaciones con Israel ante una vía “irreversible” hacia un Estado palestino, postura que el príncipe Mohammed bin Salman reiteró en privado a Trump durante su visita a Washington, generando en esa ocasión un ambiente de “civil pero difícil” según fuentes citadas por Axios.

Según reportes de The Times, el príncipe heredero llegó a mostrarse furioso ante la insistencia telefónica de Trump, señalando a un allegado que le había dicho “no” ya “100 veces” y que tendría que repetirlo “otras 100 veces”. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, celebró la nueva condición de Trump como “un salto histórico hacia la paz”, mientras que analistas describen la exigencia como poco realista dado el contexto de la guerra en Gaza.

Revisión congresional y plazos

El acuerdo fue remitido al Congreso de Estados Unidos, que cuenta con un período de revisión continua de aproximadamente 90 días de sesiones para objetar mediante una resolución conjunta de rechazo. Para bloquear el pacto, el Congreso necesitaría aprobar dicha resolución con una mayoría de dos tercios que además supere un posible veto presidencial de Trump, un umbral considerado difícil de alcanzar incluso entre los legisladores críticos. Si no se aprueban resoluciones de rechazo dentro de ese plazo, el convenio entra en vigor automáticamente.

La comparación con el acuerdo de Emiratos

La comparación con el acuerdo firmado con Emiratos Árabes Unidos en 2009 hace visible la magnitud del retroceso. El acuerdo con EAU incluyó el Estándar Oro y aplicó el Protocolo Adicional del OIEA; el acuerdo con Arabia Saudita omite ambos elementos y los sustituye por salvaguardias bilaterales de alcance limitado. El convenio con Riad tiene una vigencia de 30 años, contempla un estudio conjunto de dos años para determinar la viabilidad del enriquecimiento en suelo saudí y añade una condición política que el de EAU nunca tuvo: la exigida por Trump post-firma de normalización con Israel.

Implicaciones geopolíticas

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Analistas del Carnegie Endowment y del Atlantic Council coinciden en que, más allá de su incertidumbre final, el acuerdo constituye un desarrollo significativo para la política nuclear regional, al establecer un precedente que otros países del Golfo podrían invocar para exigir condiciones similares. La combinación de un pacto comercial ambicioso, una ruptura con los estándares históricos de no proliferación y una condición política de último momento vinculada a Israel ilustra la tensión entre los intereses comerciales y de seguridad energética de Washington, su compromiso declarado con la no proliferación nuclear y su ambición diplomática de ampliar los Acuerdos de Abraham en plena guerra en Gaza.

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