Donald Trump quiere otra versión de la OTAN

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La guerra contra Irán es el episodio que Trump convierte en prueba de la falta de reciprocidad de la alianza. En ese conflicto, varios gobiernos europeos —España, Italia, Francia, entre otros— limitaron o negaron el uso de bases militares y espacio aéreo para operaciones ofensivas de Estados Unidos e Israel, escudándose en la Carta de la ONU y en convenios bilaterales.

Del reparto de la carga al traslado de la carga

Mientras que, durante una década el debate se centró en el burden-sharing —que Europa pagara más dentro de un esquema liderado por Washington—, el discurso actual apunta al burden-shifting: que Europa asuma la mayoría de las capacidades convencionales de la OTAN en un plazo concreto.

Documentos y filtraciones sobre la “estrategia 2027” señalan que la administración Trump ha transmitido a sus socios que, para ese año, Europa debería ser capaz de sostener por sí sola la mayor parte de la defensa convencional de la alianza; de lo contrario, Washington se reserva la opción de retirarse de mecanismos clave de coordinación.

En la práctica, el burden-shifting implica tres movimientos simultáneos.

Primero, un aumento masivo del gasto militar europeo, consolidado en el compromiso del 5% del PIB para 2035, muy por encima del viejo umbral del 2%. Segundo, la posible reducción de tropas, infraestructura y contribuciones directas de Estados Unidos en territorio europeo, trasladándolas a países más alineados o a otros teatros estratégicos. Y tecero, un cambio doctrinal que deja atrás el énfasis en seguridad colectiva multilateral en favor de acuerdos bilaterales o minilaterales que privilegien a los socios alineados con la agenda de Washington en conflictos como el de Irán.

Para los gobiernos europeos, esto supone un doble dilema: aceptar la lógica de Trump y multiplicar sus presupuestos de defensa arriesgando recursos de políticas sociales, o acelerar una autonomía estratégica que les permita contrapesar la agenda estadounidense sin depender de su paraguas militar.

Hacia una OTAN 3.0 más europea

En el debate intelectual y estratégico ya se habla de una “OTAN 3.0”: una alianza que, tras la fase de expansión y la etapa de guerra contra el terrorismo, entra en una nueva versión centrada en tres rasgos: más europea en capacidades, más selectiva en compromisos y más condicionada por la competencia con China y otros polos de poder.

La doctrina que algunos autores atribuyen al subsecretario de Guerra Elbridge Colby es que Estados Unidos debe reservar sus recursos para los teatros que considera existencialmente peligrosos —el Indo-Pacífico, por ejemplo— mientras Europa se convierte en gestor principal de su propia seguridad convencional.

Las palabras de Trump sobre que es “ridículo” mantener el apoyo actual a la OTAN son el anuncio político de que la era en la que Washington asumía la defensa europea está terminando. Si la cumbre de Ankara consolida esta dirección, la tesis de una OTAN 3.0 mucho más europea y menos dependiente de EE. UU. tiene un anclaje directo tanto en las decisiones de gasto como en la narrativa de revancha por Irán.

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