
Por qué la lectura profunda resiste los algoritmos, qué pierde quien le delega su lectura a una IA y por qué el cerebro lector sigue siendo el único órgano que la inteligencia artificial todavía no puede replicar
El cerebro lector: una tecnología de seis mil años
La lectura es una invención cultural que literalmente recablea el cerebro. Cuando lees, se activan de forma coordinada las áreas de visión, memoria, lenguaje, imaginación y emoción. La neurociencia ha confirmado que durante ese proceso se liberan dopamina, serotonina y oxitocina —los neurotransmisores del placer, la calma y la conexión emocional— mientras se estimula la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del cerebro de reorganizarse y adaptarse.
La investigadora Maryanne Wolf, directora del Centro para la Dislexia y Justicia Social de la UCLA, advierte que la era digital está reconfigurando los circuitos de lectura del cerebro. Una exposición prolongada a las pantallas entrena al cerebro en una lectura superficial —skimming— que termina atrofiando la capacidad de lectura profunda, incluso en lectores habituales. Cuanto más se consume información rápida, menos capacidad existe para procesarla. Pareciera una ironía.
La lectura profunda como acto político
En un mundo donde la cantidad de información procesada diariamente equivale al contenido de 174 periódicos, la pregunta relevante es cómo leer. La lectura superficial sirve para orientarse; la lectura profunda —la que conecta el texto con conocimientos previos, formula preguntas y reflexiona— activa áreas cerebrales ligadas a la memoria y la creatividad que el consumo rápido de contenido no alcanza.
Leer bien hoy en un lujo.
Cuando la escritura se automatiza, cuando la lectura se terceriza en resúmenes o en fragmentos seleccionados por algoritmos, se debilita el músculo de la reflexión. Leer críticamente es un acto de resistencia a la homogeneización: implica detenerse, interpretar, contrastar, entrar en diálogo con lo leído y hacerse preguntas que ningún prompt puede anticipar.
Leer en la era de la IA generativa

Por qué leer si Chat GPT o Gemini pueden resumirlo todo, es un planteamiento más ilógico de lo que parece. Y la respuesta está en entender qué pierde quien le delega su lectura a una IA. La inteligencia artificial generativa produce respuestas rápidas y evita el esfuerzo del análisis, pero también reduce la profundidad de pensamiento y fomenta la dependencia tecnológica cuando se usa sin mediación crítica.
Una respuesta generalizada no siempre es información, porque la información no es análisis ni reflexión. Tanto así que incluso las editoriales y supuestas escuelas creativas han panfletizado el modo de escribir para adaptarlo al algoritmo de la lectura rápida y de fácil estímulo. Pero eso no es crear. Un libro y una obra pueden ser muy distantes.
De igual forma, un estudiante o profesional que solo consume lo que la IA filtra pierde la oportunidad de desarrollar pensamiento crítico, porque la IA ya resolvió el problema que debía resolver él, con capacidad crítica nula, cabe decir.
Desde un enfoque pedagógico, la IA generativa puede fortalecer la comprensión lectora si existe una mediación consciente y ética. Pero eso requiere que el lector sea primero un lector capaz de cuestionar lo que recibe. Leer es cuestionar. Leer críticamente implica evaluar fuentes, identificar sesgos, contrastar información y verificar lo que se consume.
La lectura como vacuna contra la desinformación
Un informe del INE mexicano de 2025 documenta cómo la democracia depende cada vez más de la calidad de la información que circula en la esfera digital. Problemático el tema. Estudios sobre ciudadanía digital muestran que la mayoría de los estudiantes tienen dificultades significativas en habilidades como la comprobación de hechos y la lectura lateral —ambas se desarrollan leyendo con intención crítica y solo así.
La lectura habitual en la era digital entrena el pensamiento crítico frente a la desinformación y funciona como el antídoto más probado contra la fragmentación de la atención que los entornos digitales producen. Ser un lector crítico permite participar en la democracia de manera informada, discernir manipulaciones y tomar decisiones propias.
Lo que la IA entrega y lo que retiene
La lectura de ficción tiene un efecto documentado que va más allá del entretenimiento: al sumergirse en la vida de otros, el cerebro activa las zonas motoras y emocionales como si realmente viviera esas experiencias. Eso construye empatía, una capacidad que los algoritmos producen sin experimentar. Wolf propone desarrollar cerebros bialfabetizados: capaces de alternar entre lectura rápida y lectura profunda según el propósito, activando conscientemente la segunda cuando el pensamiento complejo lo requiere.
Lo que la IA entrega como respuesta cerrada puede ser el punto de partida para abrir preguntas, desarmar lo dado y mostrar que todo enunciado está situado. En eso la IA es un punto de partida. Leer despacio, escribir con dudas y pensar con otros sigue siendo —como propone el ensayo de la UNLP sobre el tema— el gesto más radical en tiempos de simplificación y optimización, palabras que todo escritor y lector deberían detestar…

Máster en investigación, arquitecto, novelista, ensayista y editor. Fundador de la Plataforma Fdh.

