El reciente anuncio de Óscar Pérez-Oliva Fraga sobre la apertura de inversiones para cubanos en el exterior es el síntoma de la asfixia terminal que padece el sistema. Esta maniobra, que permite supuestamente a la diáspora ser dueña de MIPYMES, abrir cuentas bancarias en divisas y participar en sectores críticos como la energía y la producción de alimentos, representa un intento desesperado por capturar dólares frescos sin ceder un ápice de control político.
Aaron Osoria

Propuesta desfachatada
Lo que la dictadura cubana propone es convertir al exiliado en un “socio de conveniencia” que asuma el riesgo financiero de un país en ruinas, mientras el clan familiar de los Castro, ahora con Pérez-Oliva a la cabeza de la imagen que representa “frescor” dentro del modelo totalitarista, se asegura de tutelar cada centavo que ingrese al sistema bancario estatal.
Sin embargo, esta apertura nace muerta ante la ausencia de un Estado de Derecho que garantice la seguridad jurídica de quienes decidan arriesgar su capital. Ilusos son los que pretenden ver esto como una oportunidad. Es un suicidio financiero tal cual se presenta el Estado fallido de la isla sin pretender moverse de la silla.
No existen tribunales independientes ni leyes que protejan la propiedad privada contra una confiscación futura o un nuevo “corralito” de divisas, lo que convierte cualquier inversión en una apuesta de altísimo riesgo bajo las reglas de un capitalismo de Estado arbitrario.
Además, la contradicción es insalvable, con una dictadura que pide dinero a la misma comunidad que sigue reprimiendo dentro de la isla, manteniendo una mano de hierro contra las protestas por los apagones mientras extiende la otra para pedir financiamiento. Esto sin contar que, a quien pide, es al mismo ser humano que desechó, censuró, maltrató, durante décadas.
¿En serio la memoria es tan sádica o la desfachatez de la dictadura cubana no tiene límites?
En última instancia, esta “Variante Pérez-Oliva” busca proyectar una imagen de modernización ante la administración Trump para intentar aliviar sanciones, pero en la práctica solo busca ganar tiempo mediante un relevo dinástico que intenta salvar la estructura de poder a costa del ahorro de los cubanos en el extranjero.
Quién es Óscar Pérez-Oliva Fraga: el heredero dinástico

La designación de Óscar Pérez-Oliva Fraga al frente del Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera (MINCEX) y su posterior ascenso a viceprimer ministro no pueden entenderse como un simple movimiento burocrático.
Se trata de la colocación estratégica de un miembro de la tercera generación de la dinastía Castro en el nodo que controla la entrada de divisas al país. Ingeniero en electrónica graduado de la CUJAE (Universidad Tecnológica de La Habana), Pérez-Oliva es sobrino-nieto de Fidel y Raúl Castro: hijo de Mirsa Fraga Castro y nieto de Ángela Castro, hermana de los dictadores.
Su trayectoria profesional de más de 15 años en el comercio exterior estuvo marcada por su paso por la Zona Especial de Desarrollo Mariel, donde trabajó bajo las órdenes directas del general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja —exyerno de Raúl Castro y “zar” de GAESA hasta su fallecimiento en julio de 2022—. Esta formación en el epicentro del conglomerado militar-empresarial lo preparó para el rol que ahora desempeña.
Nombrado ministro del MINCEX el 23 de mayo de 2024.
Promovido a viceprimer ministro el 17 de octubre de 2025.
Electo diputado por el municipio de Marianao el 18 de diciembre de 2025.
Su ascenso no es tecnocrático. Esto es la consolidación del control familiar sobre el flujo de divisas al país. Pérez-Oliva anunció la medida de apertura a inversores primero en NBC (televisión estadounidense) y solo después en la Mesa Redonda cubana. Así las cosas…
Este orden de difusión confirma que el mensaje está dirigido a Washington y a la comunidad cubana en Estados Unidos, no al pueblo de La Habana.
La arquitectura real del poder: la “baraja castrista”

Para comprender la “Variante Pérez-Oliva” es imprescindible mapear la arquitectura real del poder en Cuba, que poco tiene que ver con el organigrama oficial. Miguel Díaz-Canel ocupa la presidencia de manera nominal, pero carece de poder autónomo. Es un títere, una imagen de desconcierto, mero vocero de los oscuros hilos que dominan a la isla.
Según el análisis de Miguel Cosío publicado en Infobae en febrero de 2026 y otros medios que han ido desglosando esta telaraña durante años, quien manda en Cuba es la estructura familiar y militar encabezada por Raúl Castro, ahora con 94 años, pero todavía en la cúspide de la cadena de mando.
Los verdaderos centros de poder son:
Raúl Castro Ruz: cúspide de la pirámide, árbitro final de las decisiones estratégicas.
Alejandro Castro Espín: coronel del MININT, jefe de facto de inteligencia y contrainteligencia, conocido como “el príncipe en las sombras”. Hijo de Raúl y Vilma Espín.
Ana Guillermina Lastres Morera: presidenta de GAESA, con más poder efectivo que cualquier ministro del gabinete.
El estamento militar: generales Álvaro López Miera (ministro de las FAR), Roberto Legrá Sotolongo y Lázaro Álvarez Casas, quienes controlan las fuerzas de seguridad y represión.
Manuel Marrero Cruz, primer ministro desde 2019, fue previamente presidente de Gaviota S.A., la rama turística de GAESA. Su nombramiento ilustra la fusión total entre el conglomerado militar-empresarial y el aparato estatal.
Pérez-Oliva ocupa ahora la posición de “comodín económico” que conecta a la familia Castro con el flujo de divisas externas. Su cargo en el MINCEX nes el punto de control del capital que ingresa desde fuera de la isla.
GAESA: el Estado dentro del Estado
El Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (GAESA) es, posiblemente, la clave más importante para entender por qué ninguna “apertura” económica en Cuba puede traducirse en desarrollo real mientras esta estructura permanezca intacta.
GAESA controla aproximadamente el 40% del PIB cubano y opera como una sociedad anónima privada que no rinde cuentas ni al Estado ni al pueblo.
Creado por Raúl Castro, fue dirigido durante 26 años por su yerno, el general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, hasta su muerte en julio de 2022. Actualmente es custodiado por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, apodado “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro. El conglomerado controla:
Turismo: Gaviota S.A. (cadenas hoteleras propias y convenios con Iberostar, Meliá y otras).
Comercio minorista: CIMEX y las tiendas TRD (Tiendas de Recaudación de Divisas).
Combustibles: Servicupet, con 668 estaciones de servicio en toda la isla.
Puertos, logística, telecomunicaciones, importación/exportación.
Remesas: FINCIMEX, el canal oficial de recepción de envíos de dinero desde el exterior.
GAESA cuenta con su propia oficina tributaria paralela (OATFAR) y opera sociedades offshore en Panamá desde los años 80. Bloomberg lo describió en 2015 como “el mayor imperio empresarial de Cuba”. Esta realidad es determinante para evaluar la propuesta de Pérez-Oliva: cuando el régimen invita a la diáspora a “abrir cuentas bancarias en divisas en bancos cubanos”, esos bancos están integrados al sistema GAESA. El dólar del emigrante no va a la economía nacional productiva, va directo a las acas del conglomerado militar.
El antecedente del Período Especial: la misma trampa, treinta años después
La historia cubana ofrece un precedente exacto de lo que ahora propone la “Variante Pérez-Oliva”. En 1993, bajo la devastadora crisis económica provocada por la caída de la Unión Soviética —el llamado “Período Especial en Tiempos de Paz”—, el régimen despenalizó la tenencia de divisas, abrió el turismo al capital extranjero y permitió el trabajo por cuenta propia.
El objetivo declarado era reinsertar a Cuba en la economía mundial. El objetivo real, sin embargo, era capturar dólares frescos para salvar el aparato de poder.
Las reformas del Período Especial no derivaron en un Estado de Derecho ni en la protección efectiva de la propiedad privada. Cuando la economía se estabilizó mínimamente —gracias a los subsidios petroleros de Venezuela a partir de 2003 bajo el gobierno de Hugo Chávez—, el régimen revirtió parcialmente las reformas y reforzó el control estatal.
El patrón es cíclico: crisis → apertura táctica → captura de capital → estabilización mínima → cierre.
En 2014, Raúl Castro promulgó la Ley 118 de Inversión Extranjera con lo que la Brookings Institution describió como “bombos y platillos”. Sin embargo, entre 1997 y 2010, la inversión extranjera en Cuba nunca superó los 442 millones de CUC anuales (según datos de González-Corzo publicados por ASCE).
La ley no alteró el patrón porque la inseguridad jurídica estructural —ausencia de tribunales independientes, riesgo permanente de confiscación— nunca fue abordada.
La “Variante Pérez-Oliva” repite exactamente el mismo ciclo: apertura táctica bajo presión extrema, sin reforma del Estado, sin garantías jurídicas, con el mismo objetivo de ganar tiempo. La diferencia es que ahora el régimen no busca capital de empresas europeas o canadienses, sino del ahorro personal de los cubanos que expulsó al exilio.
La contradicción central: dinero de quien reprime

La contradicción más profunda de esta maniobra es de orden moral y político: el régimen solicita capital a la misma comunidad que expulsó y maltrató. Dentro de la isla es todavía peor: Cuba mantiene detenidos a más de 1.000 presos políticos producto de las protestas del 11 de julio de 2021 (11J).
Apagones de más de 18 horas diarias que han provocado oleadas de protestas entre 2024 y 2026 fueron respondidos sistemáticamente con represión documentada por organizaciones internacionales de derechos humanos.
La simultaneidad de los eventos del 16 de marzo de 2026 es particularmente conveniente: el sexto apagón nacional —que dejó a más de 9 millones de cubanos sin electricidad— ocurre el mismo día en que Pérez-Oliva anuncia en televisión estadounidense la “apertura” a inversores de la diáspora. Esta coincidencia está lejos de lo accidenta. Con la dictadura cubana no existen coincidencias, existe maquinación a borbotones. Es la lógica operativa del régimen.
La represión garantiza el control político interno; la apertura económica captura el capital externo. Ambas políticas coexisten porque sirven al mismo objetivo: preservar la estructura de poder.
La condición jurídica bajo la que se canalizará la inversión —la categoría migratoria de “inversores y de negocios” creada por ley en mayo de 2024— está diseñada originalmente para extranjeros que participen en proyectos autorizados por el Estado. Es, en la práctica, el mismo marco de la inversión extranjera aplicado a la diáspora cubana, lo que confirma que el régimen trata al emigrante cubano como capital foráneo, no como ciudadano con derechos.
El cubano del exterior puede “invertir su dinero”, pero no puede votar, manifestarse ni reclamar judicialmente si el Estado decide confiscar su inversión.
La dimensión geopolítica: Trump como catalizador
La “Variante Pérez-Oliva” no puede desvincularse del contexto geopolítico que la precipitó. El senador Marco Rubio declaró a Bloomberg que la apertura económica es condición sine qua non de Washington para cualquier negociación con La Habana.
El subsecretario de Estado Christopher Landau ha exigido públicamente el respeto a los derechos humanos, la liberación de presos políticos y garantías para las libertades fundamentales como requisitos previos a cualquier diálogo.
En paralelo, según reportes de ABC y El Colombiano (febrero 2026), Alejandro Castro Espín estaría conduciendo conversaciones discretas con agentes de la CIA en Ciudad de México, con mediación del gobierno de Claudia Sheinbaum. El objetivo de estos contactos sería evitar un colapso desordenado del régimen a cambio de concesiones económicas y cooperación en materia de seguridad regional —particularmente en el control de flujos migratorios y tráfico de drogas.
El bloqueo petrolero impuesto por la administración Trump ha sido el detonante directo de la crisis energética de 2026. Washington cortó los envíos de petróleo venezolano y amenaza con aranceles a terceros países que vendan combustible a Cuba.
Según datos disponibles, solo dos embarques de combustible ingresaron a la isla entre enero y febrero de 2026: uno proveniente de México y otro de Jamaica. Hay citas que afirman que no ha entrado nada de petróleo a la isla, incluyendo palabras del propio títere vocero del régimen castrista. Esta asfixia energética es el factor inmediato que explica los apagones generalizados y, por extensión, la urgencia del anuncio de Pérez-Oliva.
En ese contexto, la “Variante Pérez-Oliva” es una señal dirigida a Washington: “estamos dispuestos a hablar de economía”. Pero, como señaló DW en su cobertura del anuncio, el propio Pérez-Oliva dejó claro que las reformas “no requieren modificaciones sustanciales al ordenamiento jurídico vigente”. En otras palabras: no hay reforma política, no hay independencia judicial, no hay garantías para la propiedad privada. Solo maquillaje económico diseñado para ganar tiempo. Y mucha cara dura.
La “Variante Pérez-Oliva” no es una reforma
Estamos ante una operación de supervivencia dinástica. El régimen cubano, enfrentado al colapso energético, al estrangulamiento financiero y a la presión de Washington, recurre al último recurso disponible: el bolsillo de los cubanos que expulsó.
La colocación de un miembro de la tercera generación Castro al frente de esta operación confirma que el objetivo es asegurar que el flujo de divisas permanezca bajo control familiar.
Mientras no exista un Estado de Derecho con tribunales independientes, protección efectiva de la propiedad privada y libertad de asociación económica, cualquier “apertura” será lo que siempre ha sido en Cuba: una trampa diseñada para capturar capital externo sin ceder poder político.
La diáspora cubana debe evaluar esta propuesta con la lucidez que da la experiencia histórica y la comprensión de quién controla realmente el aparato económico de la isla. Invertir en Cuba bajo las condiciones actuales no es participar en el desarrollo del país, sino financiar la perpetuación de una estructura de poder que lleva más de seis décadas sometiendo a la nación.
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Arquitecto, profesor y escritor, fundador de Fdh Journal. Dedicado al análisis político, deporte, cultura y filosofía práctica. Promotor de la consigna “pensar como entretenimiento”.


