Trump y la OTAN: acuerdo por Groenlandia este 21 de enero

Empecemos por lo sucedido ayer en Davos, porque si no estabas prestando atención te perdiste el momento exacto en que Donald Trump consiguió lo que quería sin disparar un solo tiro. El 21 de enero, Trump se reunió con Mark Rutte, secretario general de la OTAN, y anunció que habían alcanzado un “marco de acuerdo” sobre Groenlandia. Inmediatamente retiró las amenazas de aranceles del 10% contra ocho países europeos. Dijo que el acuerdo sería “para siempre” e “infinito”. No dio detalles. La prensa lo cubrió como si Trump hubiera retrocedido.

Pero Trump no retrocedió, al contrario. Esto acaba de redefinir qué significa ser aliado de Estados Unidos.

Aaron Osoria

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Lo que Trump consiguió sin comprar Groenlandia

Según fuentes europeas confirmadas por Bloomberg esta mañana, el acuerdo incluye cinco componentes que le dan a Estados Unidos todo lo que necesitaba sin tener que anexar formalmente ni un centímetro cuadrado de territorio.

Primero, despliegue de misiles estadounidenses en el Ártico. Trump va a instalar su sistema antimisiles “Cúpula Dorada” en Groenlandia, un proyecto estimado entre 175,000 millones y 3.6 billones de dólares en veinte años. Para que funcione necesita interceptores y sistemas de vigilancia en territorio ártico. Ahora los tiene.

Segundo, acceso prioritario a minerales estratégicos. Estados Unidos obtiene derechos de primera línea sobre las tierras raras, litio y cobre de Groenlandia. La isla tiene aproximadamente 1.5 millones de toneladas de tierras raras, lo que la convierte en el octavo depósito más grande del mundo. Y aquí está la clave: el acuerdo incluye mecanismos para prohibir o restringir inversiones chinas. Esto no es sobre comprar la isla, es sobre mantener a China fuera de la órbita y finalmente estar un paso por delante, finalmente…

Tercero, presencia militar reforzada de la OTAN. Tropas aliadas permanentes en Groenlandia, posible establecimiento de una misión permanente de la OTAN en la región ártica, coordinación estratégica con Dinamarca y Groenlandia. Todo esto sin que Trump tenga que pagar ni negociar soberanía.

Cuarto, renegociación del Acuerdo de Defensa de 1951. Estados Unidos va a expandir sus derechos operativos en la isla: mayor libertad de despliegue, expansión de bases militares, acceso a recursos. Sin transferencia formal de soberanía.

Quinto, garantías de seguridad contra Rusia. Coordinación para evitar que Moscú amplíe su presencia militar en la región, colaboración en vigilancia del Ártico, defensa coordinada.

Si se reúnen los cinco puntos, nos damos cuenta de la magnitud. Mira las piezas de nuevo. Trump amenazó con aranceles, publicó imágenes generadas con inteligencia artificial mostrando Groenlandia como territorio estadounidense, presionó a ocho países europeos hasta que desplegaron tropas simbólicas en solidaridad con Dinamarca. Europa pensó que estaba enfrentando a un loco. Y sí, probablemente sea así, pero no es tonto. Lo que enfrentaba Europa era a alguien que sabía exactamente qué quería y cómo conseguirlo, sin importar el proceder. Trump siempre tiene el factor de impredecibilidad como su mayor y más poderosa arma.

La jugada maestra: inventar una crisis

president donald trump delivers remarks at a rural health transformation event

Trump nunca necesitó comprar Groenlandia. Lo que necesitaba era crear suficiente presión para que la OTAN aceptara renegociar la arquitectura de seguridad del Ártico. Y lo consiguió.

El 6 de enero anunció su intención de adquirir la isla. El 10 de enero publicó los primeros mapas con IA. El 15 de enero amenazó con aranceles del 10%, escalables al 25% en junio, contra Dinamarca, Alemania, Francia, Reino Unido, Países Bajos, Suecia, Noruega y Finlandia. La justificación fue transparente hasta lo obsceno: “Oponen tropas a mis planes”. La Unión Europea respondió preparando contramedidas por 93,000 millones de euros. El Parlamento Europeo suspendió la ratificación del acuerdo comercial UE-Estados Unidos.

Entre el 18 y el 20 de enero la tensión alcanzó su pico. Trump publicó masivamente imágenes con IA mostrando Groenlandia, Canadá, Venezuela y Cuba como “territorio estadounidense”. La Casa Blanca filtró declaraciones privadas de Emmanuel Macron y Mark Rutte. Ocho países europeos desplegaron tropas simbólicas en Groenlandia. Se discutió activar el “Instrumento Anticoerción” de la Unión Europea, una herramienta de respuesta comercial diseñada precisamente para este tipo de chantaje.

Y entonces, el 21 de enero, Trump se reunió con Rutte en Davos y todo se calmó.

La pregunta no es si Trump retrocedió. La pregunta es por qué Europa aceptó negociar bajo presión económica directa. Los tomaron de estúpidos, y se dejó claro quién controla a quién.

Las posiciones el 22 de enero

Hoy tenemos claridad parcial.

Mette Frederiksen, primera ministra de Dinamarca, confirmó a través de Mark Rutte que el acuerdo “no discute la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia”. Dinamarca mantiene que la soberanía “no es negociable”.

Trump, por su parte, continúa exigiendo “negociaciones inmediatas” para la adquisición formal de Groenlandia. Sigue describiendo el territorio como “nuestro territorio” y argumenta que sin propiedad Estados Unidos no puede defender la isla adecuadamente. Típico.

Aaja Chemnitz, diputada de Groenlandia, tachó de “locura” que la OTAN negocie sobre territorio groenlandés sin consultar al gobierno local. Y tiene razón. Groenlandia tiene 56,000 habitantes. Su opinión importa, o debería importar, pero… ¿cuándo ha sido así?

La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el acuerdo permite a Estados Unidos cumplir “todos sus objetivos estratégicos de manera permanente y a costo mínimo”. No tienen problemas, de hecho, a esta administración jamás le ha temblado el pulso a la hora de comunicar superioridad, sea inventada o no.

China respondió esta mañana. Guo Jiakun, portavoz de la Cancillería, condenó el uso de la “amenaza china” como pretexto y calificó los argumentos estadounidenses de “sin fundamento”. Beijing entiende perfectamente qué está pasando. Este acuerdo no es sobre Rusia, es sobre China.

Lo que Europa perdió

OTAN

Europa no ganó nada en Davos.

Dinamarca preservó formalmente la soberanía sobre Groenlandia, pero perdió control operativo sobre lo que Estados Unidos puede hacer en la isla. El Acuerdo de Defensa de 1951 va a expandirse. Washington tendrá mayor libertad de despliegue, nuevas bases, acceso a recursos. Todo esto sin consulta real con el gobierno groenlandés.

La OTAN acaba de establecer un precedente peligroso. Un miembro puede presionar económicamente a otros miembros hasta conseguir concesiones estratégicas. Líderes europeos calificaron los métodos de Trump como “chantaje” y “puramente mafiosos”. Tienen razón. Pero aceptaron negociar de todas formas.

François-Xavier Bellamy, eurodiputado francés, dijo que “Trump actúa con los métodos de una potencia colonial del siglo XIX”. Marine Le Pen fue más directa: “Estados Unidos aplica fuerza coercitiva como Rusia en Crimea”.

Y aquí está el problema. Europa tiene razón en el diagnóstico pero no tiene alternativas viables en la cura para la coerción. Sin el paraguas nuclear estadounidense, Europa no puede defenderse de Rusia. Sin acceso al mercado estadounidense, varias economías europeas entran en recesión. La Unión Europea preparó contramedidas por 93,000 millones de euros, pero nunca las implementó. Porque no puede.

Trump lo sabe. Europa lo sabe. Y eso es lo que hace que esta crisis sea diferente. Ahora, triste ver la insegurdad y desconfianza global; el mundo se ha vuelto un cascarón de paranoia por el exceso de ambición y sometimiento, por el uso de la fuerza y el poder asimétrico, pero así las cosas.

Los escenarios de aquí en adelante

El “marco de acuerdo” es vago por diseño. Permite a todas las partes reclamar victoria. Pero también posterga decisiones difíciles mientras se abre un nuevo ciclo negociador cuyos términos finales permanecen opacos.

Hay cuatro escenarios posibles.

Escenario 1: Status quo reforzado. Estados Unidos expande presencia militar y acceso a recursos sin adquirir soberanía formal. Dinamarca mantiene control nominal. Groenlandia permanece en posición ambigua. Este es el resultado más probable porque permite a todos salvar la cara.

Escenario 2: Escalada renovada. Trump retoma presión si las negociaciones no avanzan a su ritmo. Nuevas amenazas arancelarias, posiblemente contra otros sectores. Europa responde con contramedidas reales. Guerra comercial transatlántica.

Escenario 3: Independencia de Groenlandia. La presión internacional lleva a Groenlandia a adelantar su referéndum de independencia. Esto le permitiría negociar directamente con Estados Unidos sin el intermediario danés. El gobierno groenlandés tendría soberanía plena pero menos poder negociador que bajo protección danesa. Irónicamente, esto sería lo que Trump buscaba sin poder lograrlo por presión directa.

Escenario 4: Ruptura de la OTAN. Improbable, pero con consecuencias catastróficas si sucediera. Si Trump continúa presionando o surge una crisis paralela, sería la fragmentación funcional de la OTAN. Europa se percata de que la alianza no protege a miembros débiles de presión estadounidense. Entonces, se da la creación de una estructura de defensa alternativa. Colapso del orden transatlántico, por tanto. Rusia y China obtienen ventaja estratégica masiva.

Lo que significa este marco de acuerdo tras la presión de Trump

Esta crisis pone a la carta la interrogante de si Estados Unidos puede presionar económicamente a sus aliados hasta conseguir concesiones estratégicas. Y la respuesta tras la petición de la orden, después de Davos, es sí.

Trump obtuvo victorias tácticas pero potencialmente a costo estratégico. Consiguió presencia militar expandida y acceso a recursos sin anexión formal. Pero, y esto es significativo, erosionó la confianza aliada de forma posiblemente irreversible. Trump estableció un precedente de que la presión económica coercitiva es metodología aceptable dentro de la OTAN.

Groenlandia es síntoma, no causa. La verdadera competencia es por el Ártico en su totalidad: recursos, rutas marítimas, posición geoestratégica. Trump identificó correctamente que el Ártico es la región crítica para el siglo XXI. Pero su metodología, coerción contra aliados, es contraproducente para la cohesión occidental frente a China y Rusia.

El orden internacional posterior a 1945 está bajo tensión estructural. Trump está cuestionando, quizás sin intención completamente clara, principios de soberanía e integridad territorial. Europa está afirmando firmemente que estos principios son inquebrantables, pero con un pulso tembloroso y dubitativo. China y Rusia observan, pero se benefician de la fragmentación occidental.

Y mientras tanto, Groenlandia, con sus 56,000 habitantes, está siendo objeto de negociación sin tener voz real en las decisiones que determinarán su futuro.

Algunos números para que no olvides sobre el tema Groenlandia

groenlandia

Población de Groenlandia: 56,000 personas.

Superficie: 2.1 millones de kilómetros cuadrados, más grande que México.

Tierras raras: 1.5 millones de toneladas, octavo depósito más grande del mundo.

Rechazo de los groenlandeses a la anexión: 85% según encuestas de enero de 2025.

Rechazo de estadounidenses a la adquisición: 70%.

Apoyo en Estados Unidos: 17% según Reuters/Ipsos.

Costo estimado de la “Cúpula Dorada”: entre 175,000 millones y 3.6 billones de dólares.

Contramedidas comerciales preparadas por la Unión Europea: 93,000 millones de euros.

Países europeos con tropas en Groenlandia: ocho.

Duración del “marco de acuerdo” según Trump: “infinito”.

Guarda esos números. Los vas a necesitar cuando Trump vuelva a presionar.

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