El periodismo de hoy: guardería para adultos

El periodismo de hoy replica las estrategias que la publicidad usa para vender detergente. La simplicidad inmediata, la emocionalidad sin matices, la evitación sistemática de la complejidad, es impresionantemente voraz.

Aaron Osoria

periodismo de hoy

El periodismo contemporáneo te habla con un lenguaje recortado para que entiendas rápido, esquivando deliberadamente la racionalidad y dirigiéndose a los aspectos más primitivos de una mente habituada ya a la senilidad cognitiva. En palabras sencillas, los medios de noticias se han volcado a la labor de marchitarnos el cerebro.

El resultado es visible. Una sociedad de consumidores pasivos incapaces de leer más de una oración. El titular es suficiente para juzgar, criticar, apoyar, o pasarlo de largo. Las redes sociales tienen mucha responsabilidad en esto, pero el fenómeno fue cultivado sistemáticamente por medios que prefieren lectores dóciles a ciudadanos críticos.

Los números de la debacle del periodismo de hoy

La crisis de credibilidad tiene cifras exactas. En España según datos, solo el 2% de la población confía plenamente en los medios. Apenas uno de cada tres españoles confía en la mayoría de noticias que recibe. El 49% ha visto críticas en redes sociales por falta de imparcialidad mediática, el 43% afirma que el sensacionalismo y el clickbait reducen directamente su confianza.

Más revelador aún: el 37% de españoles evita activamente las noticias, frente al 29% de 2023. Solo el 33% se declara muy interesado en informarse, cuando hace seis años la cifra alcanzaba el 55%. El 70% duda de la veracidad del contenido online que consume.

México presenta números similares. El Digital News Report 2025 revela que solo 36 de cada 100 personas confían en las noticias. YouTube y WhatsApp se consolidaron como los nuevos diarios de la mañana, desplazando a medios tradicionales incapaces de retener audiencias, en estos canales las búsquedas son muy enfocadas a temas específicos. Cuando se pregunta a qué fuentes recurren para verificar información sospechosa, solo el 38% acude a medios confiables.

La razón es porque hoy las “noticias” de interés giran más en torno a, por ejemplo, La Casa de los Famosos, que a las realidades políticas, sociales y culturales del país. Únicamente estados con severidad criminal recurren a información recurrente de dicho tema, y otras personas consumen los siniestros de dicha índole como entretenimiento. Tan asombroso como desconcertante.

Argentina pasó del 77% de interés en noticias en 2017 a apenas el 45% actual. La confianza ronda el 32% en Argentina y Colombia, mientras apenas llega al 40-42% en Perú y Brasil. A nivel global, el 39% de personas evita noticias con frecuencia. El interés alto cayó del 63% en 2017 al 48% actual. Los datos no son exactos, ni lo podrán ser jamás, pero estas estimaciones arrojan análisis que ameritan el replanteo de cómo se vende y cómo se consume la noticia hoy en día.

El veneno de la neutralidad en el periodismo de hoy

periodismo

La objetividad periodística que los medios tradicionales venden como virtud es uno de sus mecanismos más efectivos de control ideológico. El periodismo de hoy intenta navegar entre aguas no muy profundas, pero tampoco demasiado cerca de la superficie. La pretensión de neutralidad absoluta resulta imposible porque todo acto periodístico implica decisiones: qué temas cubrir, a quién entrevistar, qué enfoque dar, qué espacio destinar.

La neutralidad deliberadamente deja en las sombras la efectiva influencia política del periodismo, ocultando su rol inevitable en la formación del debate público. En otros casos, alejados de noticias políticas, marca demasiado el hecho de la mera descripción. El periodismo de hoy está más preocupado por poner los hashtags y palabras claves correctas para el algoritmo, que el propio desarrollo de las noticias. No se debe generalizar, pero es el caso en la gran mayoría.

El periodismo de hoy: bothsidesism

the washington post

Esta falsa neutralidad permitió el florecimiento del bothsidesism, esa práctica que otorga igual peso a posiciones que tienen validez fáctica muy distinta, confundiendo equilibrio con equidistancia. George Orwell lo vio venir cuando dijo que en tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario.

Poniendo un ejemplo; entre octubre de 2024 y marzo de 2025, el Washington Post perdió entre 250,000 y 300,000 suscriptores. La causa fue que Jeff Bezos bloqueó el respaldo editorial a Kamala Harris, rompiendo 48 años de tradición, e impuso un giro editorial hacia dos únicos enfoques: libre mercado y libertades personales. Eliminó de facto la vertiente progresista que había caracterizado al medio y Robert Kagan renunció como editor general, David Shipley renunció como editor de opinión y Ruth Marcus vio censurada su columna crítica contra Bezos.

Recordemos que en 2013 Bezos compró The Washington Post por 250 millones de dólares y su alineamiento político en 2024 se salió un poco de órbita.

El mismo Bezos reconoció el problema el 28 de octubre de 2024 al anunciar que “En las encuestas públicas anuales sobre confianza y reputación, los periodistas y los medios de comunicación han quedado habitualmente cerca del último puesto, a menudo justo por encima del Congreso. Pero en la encuesta Gallup de este año, hemos logrado quedar por debajo del Congreso. Nuestra profesión es ahora la menos confiable de todas.”

Cuando los lectores perciben que el control editorial viene de arriba, se van. Así de simple. Cuando la manipulación va en contra de lo que quieren creer, se alejan.

La concentración empresarial mata la diversidad del periodismo de hoy

El ecosistema mediático carece de diversidad porque pocos grupos económicos controlan las mayorías del mercado. En Colombia hay 2 canales de TV privados, 2 periódicos de circulación nacional, 2 grandes cadenas de radio. Esta concentración impide al público seguir la pista del dinero y entender conflictos de interés.

En México, TelevisaUnivision consolidó su posición tras la fusión corporativa, alcanzando 20 millones de espectadores en eventos masivos. La Organización Editorial Mexicana controla 70 publicaciones regionales, 24 emisoras de radio, 44 plataformas web.

Los intereses económicos o políticos de los grupos editoriales generan una percepción generalizada de falta de independencia y objetividad. Este divorcio entre periodistas y sus empresas ha llevado a muchos profesionales a abandonar medios que adoptaron posturas extremas. Los medios que durante décadas se consideraron guardianes de la verdad han visto cómo sus últimos años de alineación ideológica erosionaron su credibilidad. Por eso el uso de la palabra manipulación. El periodismo de hoy se enfoca demasiado y excesivamente, ya sin ningún tipo de disimulo, a manipular.

El Nuevo Periodismo como antídoto: honestidad subjetiva

Frente a esta crisis, el movimiento del Nuevo Periodismo que surgió en los años 60 ofrece un modelo interesante. Tom Wolfe, Hunter S. Thompson, Joan Didion, Truman Capote rechazaron la presunción de imparcialidad para abrazar una subjetividad honesta.

El periodismo gonzo de Thompson se escribía sin pretensiones de objetividad. Si la interpretación resulta inevitable, si la presunción de los impulsos abstractos es ineludible, entonces mejor contar las cosas desde esa perspectiva. Con claridad total.

Esta tradición continúa vigorosa en el periodismo narrativo latinoamericano contemporáneo. Leila Guerriero construye textos de no ficción con las herramientas de la literatura. A través de su mirada, de su subjetividad, de su interpretación, construye en sus perfiles tramas posibles de vidas humanas.

Martín Caparrós sostiene que el periodismo narrativo es lo que resulta cuando un periodista decide contar un hecho o una serie de datos y, en lugar de consignarlos como haría un escribano, los relata como haría un escritor. Nunca estuvo preocupado por la objetividad: es una mirada y lo hace explícito.

Joan Didion ejemplifica este compromiso radical con la verdad subjetiva. Su credo se basaba en “ve lo suficiente y escríbelo”. Como Susan Sontag, otra voz fundamental del ensayismo comprometido, Didion entendía que el periodismo y la literatura comparten la función de formular preguntas y cuestionar las ideas ortodoxas reinantes.

Contundencia sin polarización: la distinción crucial

Aquí viene la parte donde mucha gente se confunde. Ser contundente, comprometido, tener una postura clara, es completamente distinto a polarizar. La polarización mediática responde a un modelo de negocio perfectamente diseñado.

Un estudio de Shakked Noy del MIT y Aakaash Rao de Harvard, titulado “The Business of the Culture War”, demuestra empíricamente cómo los medios estadounidenses descubrieron que la cultura generaba más atención, más rating y más dinero que la economía.

El punto de inflexión fue 1996, cuando nacieron Fox News y MSNBC. Por primera vez en la historia, los canales podían medir el rating minuto a minuto y ajustar su programación en tiempo real. El resultado fue un periodismo cada vez más emocional, diseñado para provocar indignación constante.

Los temas más cubiertos por el cable desde 1996 —inmigración, crimen, género, raza— son exactamente los que más dividen a demócratas y republicanos. Un tercio del aumento del conflicto cultural en EE.UU. desde el año 2000 puede explicarse solo por el cable. En 2018, Fox News tenía más de 2.4 millones de espectadores en horario de máxima audiencia, MSNBC 1.8 millones. News Corporation reportó $9.88 mil millones en ingresos para el año fiscal 2024.

Los medios maximizan audiencia mediante la división. Los políticos maximizan votos atrapados en esa división. Parte del periodismo de hoy ha pasado a ser un reality show con cierta mesura, y no en todos los casos.

Tres mecanismos de la polarización

polarización política

Primero, el sensacionalismo. La tendencia a enfatizar, exagerar, distorsionar informaciones con el fin de provocar emoción. Enfocarse en conflictos y controversias exacerba las divisiones políticas y culturales existentes.

Segundo, el sesgo mediático sistemático. La tendencia a favorecer una perspectiva política en detrimento de otra. En vez de buscar argumentos para reforzar una idea, se agrede con descarada facilidad la postura contraria. La presencia de medios alineados con ideologías específicas intensifica la polarización al ofrecer información sesgada, afectando la percepción y las decisiones de los votantes, de por sí adaptados ya a no pensar demasiado e indignarse con el titular corto.

Tercero, la fragmentación de audiencias. Los medios polarizados atraen audiencias que comparten puntos de vista ideológicos similares, lo que lleva a un consumo de noticias más sesgado y a la formación de cámaras de eco. Una consecuencia directa es el desencanto y la apatía entre los ciudadanos, disminuyendo la probabilidad de que participen en el proceso democrático.

España ejemplifica perfectamente este fenómeno. El sistema mediático español se caracteriza por un periodismo ideológicamente alineado con los principales partidos políticos, donde la opinión se orienta a movilizar ideológicamente a las audiencias. Los ciudadanos españoles consideran desinformación aquellos medios que identifican con posiciones ideológicas muy distintas de las propias. La polarización política y mediática afecta la percepción global del sistema de medios y la confianza en el periodismo.

Los propios periodistas lo reconocen. En el informe anual de la Asociación de la Prensa de Madrid, consideran que entre los principales problemas de su profesión están la falta de rigor y neutralidad en el ejercicio profesional y la falta de independencia política y económica de los medios en los que trabajan. Queja que se repite año tras año. O sea, el periodismo de hoy va de un extremo a otro, o es estéril o es volátil.

Alfabetización mediática: cultivar lectores críticos

Para que prospere un ecosistema de periodismo honesto, se requieren audiencias capaces de pensamiento crítico. La alfabetización mediática es fundamental para fomentar la creatividad y el pensamiento crítico en relación con los contenidos mediáticos.

Esto implica enseñar a hacerse preguntas sobre todo lo que se ve, escucha y lee, reconociendo que cualquier ciudadano puede ser transmisor de un mensaje pero que esta información transmitida jamás es siempre neutral ni procede siempre de una fuente fiable.

Además, es esencial promover la responsabilidad individual al consumir información. Las plataformas digitales han amplificado la difusión de noticias, pero también han complicado la veracidad de las mismas.

Hacia un periodismo de riesgo

Los medios dejaron de ser espacios de riesgo intelectual para convertirse en guarderías que nos protegen de la realidad con versiones edulcoradas y neutrales de los hechos, o por el contrario, mienten abiertamente tergiversando información que las personas consumen como ver reels o shorts de comedia.

Necesitamos espacios donde se nos invite —o incluso se nos exija— pensar, cuestionar, incomodarnos. El periodismo que necesitamos deja de arrullarnos con la ilusión de la objetividad imposible para despertarnos con la incomodidad de las preguntas difíciles. Deja de masticar la información por nosotros para invitarnos a participar en su construcción sin necesidad de volverse radical, y por tanto, primitivo.

Los ejemplos están ahí. Thompson, Didion, Guerriero, Caparrós, junto con los casos de éxito de elDiario.es, Animal Político, Chequeado y decenas de medios independientes latinoamericanos demuestran que existe un camino viable: periodismo de calidad, subjetividad honesta, transparencia y compromiso con audiencias.

La guardería mediática está en crisis. El periodismo adulto, riguroso y honesto tiene futuro. Como escribió Orwell: si la libertad significa algo, será sobre todo el derecho a decirle a la gente lo que resulta incómodo escuchar.

Ese es el periodismo que vale la pena, y no el periodismo de hoy que está haciendo lo posible por destruirse y destruirnos mentalmente. De por sí el mundo ya está bastante jodido como para no poder refugiarse en la palabra que otorga la verdad.

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