Dos de los miembros de El4tico —Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez— fueron detenidos por la Seguridad del Estado un absurdo y sobrepasado operativo. El único delito ha sido nombrar la dictadura, analizar la disonancia moral del poder y pedir que cada cubano diga “no”. Este caso resume la nueva ola represiva de 2026 y el miedo del régimen a una generación que ya no cree en su guion desgastado.
Aaron Osoria

Castigado por pensar
La mañana del 6 de febrero de 2026, la Seguridad del Estado rodeó una vivienda en el reparto Piedra Blanca, en Holguín, como si se tratara de una redada contra delincuentes armados. Ni siquiera hacen eso contra los reales delincuentes, o con ellos mismos, lo cual es casi lo mismo.
Los vecinos reportaron desde las 6:30 de la mañana patrullas y un camión policial frente a la casa donde vive y graba uno de los creadores, Ernesto Ricardo Medina. Allí se ejecutó un registro, se confiscaron computadoras, teléfonos, cámaras y otros equipos, y Medina fue sacado esposado. Su esposa, Doris Santiesteban Batista, quedó en el domicilio con la hija menor de la pareja, sin información sobre el paradero de su marido durante las primeras horas.
El otro integrante, Kamil Zayas Pérez, fue detenido en su propia vivienda tras un operativo similar, también con confiscación de herramientas de trabajo. Ambos fueron trasladados a la sede de Instrucción Penal de Holguín, conocida popularmente como “Todo el mundo canta”.
No hubo un anuncio oficial inmediato de cargos, pero sí un patrón que se repite en cada arresto político en Cuba: allanamientos sin garantías, incautación de equipos, traslado a un centro de instrucción penal señalado por malos tratos y opacidad absoluta hacia las familias.
Activistas y organizaciones de derechos humanos identificaron al capitán del Ministerio del Interior Roiner Herrera Piña, instructor penal del municipio de Cacocum, como uno de los oficiales que lideró el operativo, portando una supuesta “orden de registro” que sirvió de coartada legal para un acto de intimidación política, típico de este tipo de gente que sólo se agranda contra el pueblo que no tiene con qué defenderse.
La escena encaja con lo que el Observatorio Cubano de Derechos Humanos describe como “administración de la represión”; miles de acciones punitivas, desde detenciones breves hasta procesamientos penales, destinadas a que la población “sufra y resista en silencio”. Solo en enero de 2026, el Observatorio documentó 390 acciones represivas contra la población civil, incluyendo 42 detenciones arbitrarias, 112 sitios policiales a viviendas, 85 amenazas y 78 citaciones policiales. Este repunte refleja, según la organización, “la histeria del régimen ante la crisis económica y social”.
Quiénes son El4tico y por qué el régimen les teme

El4tico es un proyecto audiovisual independiente y abiertamente disidente, impulsado por jóvenes que decidieron hablar sin intermediarios sobre la crisis económica, la represión y el futuro político de Cuba.
Se trata de un podcast visual grabado en un cuarto adaptado como estudio, difundido en Instagram, Facebook y YouTube, donde han reunido decenas de miles de seguidores, especialmente entre menores de 40 años.
No es un fenómeno viral pasajero ni un espacio de denuncia espontánea. Es un proyecto de análisis sostenido, con episodios de media hora, invitados ocasionales, guion trabajado y una estética deliberadamente modesta que subraya su condición de iniciativa desde abajo, sin financiación ni infraestructura institucional.
A diferencia de la queja espontánea y desordenada que el régimen suele tolerar mientras no se organice, El4tico ofrece un discurso articulado. Ellos mismos se sitúan en una tradición de pensamiento crítico sin estridencias, dicen querer analizar “las injusticias sistemáticas y la opresión” sin odio ni polarización, pero sin eufemismos. Esta combinación —crítica frontal sin histeria, análisis político sin adoctrinamiento, lenguaje coloquial sin perder rigor— es precisamente lo que los hace peligrosos para un régimen que necesita controlar el lenguaje para controlar la realidad.
En este sentido, El4tico constituye un nodo simbólico en una generación que creció con escasez, censura y falta de expectativas, y que ahora encuentra en estos videos un lenguaje propio para nombrar su malestar.
Allí reside buena parte de su peligrosidad para el régimen: hablan desde dentro, en el idioma y código de los jóvenes, y proponen un relato alternativo al guion oficial de “resistencia heroica bajo asedio externo”. No vienen de Miami, no están en el exilio, no tienen una plataforma mediática consolidada. Son cubanos de a pie en un cuarto con cámaras, y eso los hace creíbles para una audiencia harta de propaganda oficial y desconfiada también de discursos que percibe como importados.
La paradoja es evidente. El mismo Estado que proclama una juventud “protagonista” y leal, necesita sofocar a quienes encarnan precisamente lo contrario, una juventud crítica que ya no compra la promesa de redención futura a cambio de obediencia presente. Como dijo el humorista Ulises Toirac tras la detención:
“sin libertad de expresión es imposible alcanzar la democracia”.
La artista Haydée Milanés, hija del legendario cantautor Pablo Milanés, calificó el arresto como “una prueba más del horror” que viven los cubanos.
Los contenidos que rompieron los tabúes del régimen

No se ha identificado un único video detonante, pero sí una línea de contenidos recientes que traspasa varios límites que el poder intenta mantener intactos.
En uno de sus episodios más citados, El4tico desarrolla el concepto de “disonancia moral” del régimen, el mecanismo psicológico por el cual quienes gobiernan saben que causan daño, pero lo justifican en nombre del “bien común” o del “proyecto histórico”. En ese análisis hablan de cinismo institucional, describen cómo la élite se acostumbra a vivir de una mentira consciente y señalan la distancia entre el discurso épico y la realidad de un país en ruinas.
No es un ataque ad hominem ni una arenga insultante. Es un análisis de filosofía moral aplicado al poder cubano, y precisamente por eso resulta más corrosivo que el grito de protesta espontáneo. Nombra la hipocresía con categorías conceptuales y desmonta el relato oficial no con indignación sino con argumento.
En varios videos, los jóvenes llaman abiertamente “dictadura” al sistema y describen a la policía y la Seguridad del Estado como un aparato diseñado para controlar y castigar, no para proteger derechos. No se quedan en la crítica económica; vinculan apagones, inflación y éxodo con la estructura política que prohíbe la alternancia, criminaliza la disidencia y utiliza la ley como herramienta de castigo. Esta conexión entre crisis material y autoritarismo político es justamente lo que el régimen intenta evitar a toda costa: que la gente entienda que no hay solución técnica posible sin cambio político, que el problema no es solo la falta de petróleo sino la falta de libertad.
El4tico insiste en algo que el régimen percibe como amenaza existencial: la idea de que cada persona puede empezar a decir “no” a la obediencia automática, a la colaboración forzada, al silencio cómplice.
Sin incitar a violencia, proponen una desobediencia cívica cotidiana basada en la conciencia moral: no firmar lo que no se cree, no repetir consignas vacías, no legitimar un sistema que se percibe como injusto.
Es un llamado ético, no un plan de acción insurreccional, pero precisamente por eso es más subversivo. Porque deposita la responsabilidad en cada individuo, porque plantea que el cambio empieza cuando cada uno deja de sostener con su silencio un sistema que repudia.
Los propios miembros de El4tico documentaron acosos, citaciones y cercos policiales previos, grabando a los agentes que rodeaban su casa y preguntando en cámara por la base legal de la actuación. Esa decisión de mostrar la represión en tiempo real quita al Estado el control del relato y convierte cada acto de hostigamiento en prueba visual contra el propio régimen.
Ya no es el disidente que denuncia a posteriori. Es el ciudadano que graba mientras sucede, que interroga al represor, que le pregunta por qué está ahí, bajo qué ley, con qué orden. Esa inversión del panóptico —el vigilado que vigila al vigilante— desestabiliza la lógica del miedo.
En conjunto, estos contenidos erosionan tres pilares del discurso oficial: la supuesta superioridad moral del proyecto revolucionario, la pretensión de legalidad del aparato represivo y la idea de que la población sigue creyendo que “fuera todo es peor”.
Por qué ahora: la escalada represiva de 2026
La pregunta no es solo “por qué ellos”, sino “por qué ahora”. Las piezas encajan cuando se cruzan tres elementos: crecimiento de El4tico, escalada represiva general y valor ejemplar del castigo.
Medios independientes y analistas señalan que el acoso a El4tico no comenzó con estas detenciones. Antes hubo citaciones, visitas “de advertencia” y vigilancia, es decir, un intento de control blando.
El salto a la detención y a cargos formales llega después de que el proyecto se consolida como referente para una audiencia creciente y claramente política. El régimen tolera la queja mientras sea dispersa y emocional. No tolera el análisis sostenido que construye conciencia política.
Informes recientes describen una nueva ola de represión en Cuba en 2025-2026 que supera en intensidad y escala incluso la respuesta al 11J. Amnistía Internacional denunció el 5 de febrero de 2026 —un día antes de la detención de El4tico— un aumento del hostigamiento contra presos de conciencia y sus familias, con vigilancia permanente, restricciones de movimiento y detenciones arbitrarias como forma de castigo preventivo.
El Observatorio Cubano de Derechos Humanos, desde Madrid, documenta más de 3.000 acciones represivas en 2025 y más de 800 presos políticos, en un contexto en que el régimen parece responder a la crisis con más miedo, no con más apertura.
La organización Prisoners Defenders, con sede en España y especializada en la defensa legal de presos políticos cubanos, presentó en enero de 2026 un informe atrozmente interesante. Cuba cerró 2025 con 1.197 prisioneros políticos, la cifra más alta jamás registrada. A lo largo de ese año, 1.290 personas pasaron por las cárceles cubanas por causas políticas.
Solo en diciembre, diez nuevas personas fueron encarceladas, la mayoría acusadas del delito de “propaganda contra el orden constitucional”. En febrero de 2026, la cifra alcanzó un nuevo récord: 1.207 presos políticos, con 18 nuevas detenciones solo en enero. Entre ellos hay 128 mujeres y 32 personas que fueron detenidas siendo menores de edad. Sí, menores de edad.
Pero el dato más alarmante es cualitativo, no cuantitativo. Según Prisoners Defenders, todos estos presos han sido sometidos a algún tipo de tortura, desde golpizas y aislamiento hasta privación de sueño, falta de atención médica deliberada y maltrato psicológico sistemático.
Javier Larrondo, presidente de la organización, fue categórico:
“Nuestra lista contiene personas sometidas a sentencias o disposiciones fiscales de privación de libertad sin supervisión judicial, sin debido proceso y sin defensa efectiva”. No se trata de excesos individuales. Es política de Estado.
En ese marco, llevar a prisión a los jóvenes de El4tico cumple una función pedagógica hacia dentro: advertir a toda una generación de creadores digitales que no basta con “no salir a la calle”, también es punible pensar en voz alta de forma sistemática y llegar a mucha gente.
El primer secretario del PCC en Holguín, el sombrío títere Joel Queipo, los llamó “traidores” e “invasores” en un post de Facebook que luego borró ante el rechazo masivo de los usuarios. En su mensaje, Queipo los acusaba de tener “alma de traidores invasores”, de ser “asalariados vende Patria” que responden a “intereses imperiales” y buscan una “intervención militar” en Cuba. No aportó pruebas, por supuesto, solo consignas. Pero el hecho de que luego borrara el post tras cientos de comentarios críticos revela que la narrativa oficial ya no convence ni siquiera a muchos de quienes antes la repetían.
La paradoja es que el intento de escarmiento se convirtió en altavoz. Muchos comentaristas en redes reconocieron que conocieron el proyecto El4tico precisamente a partir de la detención y del post de Queipo. El poder, una vez más, mostró poca inteligencia política: al llamar “traidores” a dos jóvenes con una cámara, los colocó en el centro del debate nacional e internacional.
Los cargos: cuando la ley es el arma

Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas siguen detenidos en Instrucción Penal de Holguín, sin que se haya informado de su liberación ni de una audiencia ante tribunal. Organizaciones jurídicas indican que se les han notificado cargos por “propaganda contra el orden constitucional” e “instigación a delinquir”, figuras del Código Penal cubano usadas recurrentemente contra disidentes pacíficos.
Cubalex, organización de defensa de derechos humanos especializada en asesoría legal desde el exilio, ha analizado el caso y sostiene que el allanamiento y la detención vulneran garantías básicas: inviolabilidad del domicilio, necesidad de orden judicial, derecho a defensa, transparencia sobre la situación jurídica.
Para esta organización, se trata de una detención arbitraria que encaja en patrones que ya han sido condenados por el Grupo de Trabajo sobre Detención Arbitraria de la ONU en otros casos cubanos.
El delito de “propaganda contra el orden constitucional” es heredero directo de la figura de “propaganda enemiga” del Código Penal de 1987, rebautizada en la reforma de 2022 sin cambio sustancial en su redacción ni en su función represiva.
El artículo 124 del nuevo Código sanciona a quienes “inciten contra el orden social, la solidaridad internacional o el Estado socialista reconocidos en la Constitución de la República, mediante la propaganda oral o escrita o en cualquier otra forma”, así como a quienes “confeccionen, distribuyan o posean propaganda del carácter antemencionado”.
Las penas oscilan entre 2 y 5 años de privación de libertad en su formulación básica, pero se elevan a entre 4 y 10 años “si para la ejecución de los hechos se utilizan medios de comunicación social”, categoría que incluye plataformas digitales y redes sociales. Lamentable la monstruosidad de gente que no se cansa de robarle la vida a su pueblo.
Como ha señalado Cubalex en análisis anteriores, la peligrosidad de este delito reside en su ambigüedad deliberada. Al no definir con claridad qué actos específicos constituyen “incitación” o qué contenidos son “propaganda”, se convierte en un cheque en blanco para castigar cualquier forma de expresión que cuestione al régimen.
Esto permite a la Fiscalía criminalizar cualquier opinión, crítica o cuestionamiento que resulte incómodo para el poder, manteniendo la esencia arbitraria del Código de 1987 bajo una nueva etiqueta constitucional.
Las familias y el entorno cercano han optado por la denuncia pública como principal herramienta. La carta de Kamil Zayas antes de su arresto, difundida por la plataforma Alas Tensas, deja claro que esperaba ser detenido “por pensar” y pedía que se documentara cada atropello.
Amigos y activistas difunden actualizaciones en redes, mientras figuras públicas dentro y fuera de la isla exigen respeto a sus derechos y piden su liberación. La campaña en redes sociales bajo la etiqueta #TodosSomosEl4tico ha reunido miles de mensajes de apoyo.
El contexto del 11J: cuando la represión se hizo masiva
Para entender la magnitud de lo que está sucediendo ahora, es necesario volver al 11 de julio de 2021, fecha que marca un quiebre en la historia reciente de Cuba. Ese día, miles de cubanos salieron a las calles en las manifestaciones más multitudinarias contra el régimen. Las protestas, mayoritariamente pacíficas, fueron una reacción ante las violaciones de derechos humanos que ocurren en la isla desde hace décadas, la escasez de comida y medicamentos y la respuesta del gobierno ante la pandemia de Covid-19. Numerosos manifestantes gritaron “¡libertad!” o “patria y vida”, en referencia a una canción que reformula el viejo eslogan del régimen, “patria o muerte”, y critica la represión en el país.
El gobierno respondió con censura y represión sistemática. El títere Miguel Díaz-Canel instó a simpatizantes del gobierno y a las fuerzas de seguridad a responder a las protestas con violencia: “Convocamos a todos los revolucionarios a salir a las calles a defender la Revolución. La orden de combate está dada”. Un manifestante, el cantante Diubis Laurencio Tejeda, murió como resultado del accionar de la policía. Organizaciones cubanas de derechos humanos señalaron que más de 1.400 personas fueron detenidas.
Según cifras oficiales de la Fiscalía General de Cuba, los tribunales emitieron 76 sentencias en firme contra 381 personas por las manifestaciones del 11J, con penas de hasta 25 años de prisión. Un total de 36 manifestantes fueron condenados por sedición, con penas que van de los 5 a los 25 años de cárcel. Sin embargo, los números oficiales no coinciden con los documentados por ONG. Prisoners Defenders señaló que 168 manifestantes han sido procesados solamente por el delito de sedición, y que 246 cuentan con penas firmes de prisión de 10 años o más.
A finales de mayo de 2022, la organización Justicia 11J informó que 519 de las 564 personas que habían sido juzgadas —un 92 por ciento— fueron condenadas. En 2026, según Human Rights Watch, 359 personas relacionadas con las protestas de julio de 2021 seguían en prisión.
Pero el impacto más profundo del 11J no está en las cifras, sino en lo que reveló: que el contrato social implícito entre régimen y población —obediencia a cambio de servicios básicos y cierta estabilidad— se había roto. Y que el Estado, ante esa fractura, eligió la represión masiva en lugar de cualquier forma de apertura. Human Rights Watch documentó detenciones arbitrarias, procesos penales abusivos, golpizas y maltrato que en algunas instancias constituyó tortura.
Manifestantes detenidos declararon que fueron colocados en aislamiento prolongado, sometidos a privación de sueño, golpeados y amenazados. Las familias enfrentaron restricciones en las visitas, los detenidos no dispusieron de un mecanismo de denuncia eficaz, y el gobierno negó el acceso a las prisiones a grupos cubanos e internacionales de derechos humanos.
Cuba, líder mundial en detenciones arbitrarias según la ONU
El caso de El4tico se inscribe en un patrón que ha sido documentado y condenado por el máximo organismo de las Naciones Unidas especializado en la materia. En noviembre de 2025, el Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria (WGAD) de la ONU emitió dos nuevos dictámenes que afectan a 49 personas detenidas tras las protestas del 11 de julio de 2021.
Los dictámenes, resultado de un proceso de arbitraje en el que Cuba tuvo pleno derecho a la defensa, concluyeron que esos 49 presos fueron privados de libertad por motivos políticos e ideológicos, sin debido proceso ni defensa, y sometidos a crímenes de lesa humanidad como desaparición forzada, torturas y violaciones graves de derechos humanos.
Con estos nuevos casos, Cuba se convirtió en el país con más condenas por detenciones arbitrarias dictadas por el WGAD desde 2019, con un total de 93 casos reconocidos. Egipto, que ocupa el segundo lugar, tiene 73 casos. Además, Cuba es el único país del mundo que ha sido condenado en tres Opiniones de tipo masivo —más de 10 víctimas— solo entre 2023 y 2025, sumando 66 casos repartidos en tres opiniones. De los 93 casos cubanos, la organización Prisoners Defenders fue el ponente y defensor de 81 de ellos ante el organismo de la ONU —el 87 por ciento—, todos ellos parte de la lista de presos políticos en Cuba.
Los dictámenes del WGAD exponen que numerosos detenidos no fueron informados de las razones de su detención, nunca recibieron una orden judicial, no tuvieron acceso a un abogado independiente, no fueron presentados ante un juez en el plazo de 48 horas, permanecieron incomunicados durante días o semanas, fueron torturados o sometidos a aislamiento prolongado. En varios casos, las familias no supieron dónde estaban sus allegados, lo que, según la ONU, configura desaparición forzada. El Grupo de Trabajo concluyó que estas personas fueron encarceladas por ejercer derechos protegidos internacionalmente: libertad de expresión, reunión pacífica, participación política y libertad religiosa.
Eso es la Revolución y su legado…
La respuesta internacional: más allá del hashtag

En el plano internacional, la Embajada de Estados Unidos en La Habana fue una de las primeras voces en pronunciarse. El 7 de febrero, publicó en sus redes sociales:
“Nos unimos al llamado de muchos: que se liberen y se respeten los derechos humanos de los jóvenes de #El4tico en Holguín – Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez”.
El mensaje, acompañado de la etiqueta #FreeEl4tico, amplificó la visibilidad del caso y subrayó el seguimiento internacional a episodios concretos de represión.
La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), organización con sede en Miami que agrupa a medios de toda América, exigió el 8 de febrero la liberación inmediata de ambos jóvenes y el respeto a sus derechos humanos.
La SIP enmarcó el caso en la represión contra espacios independientes de expresión y debate, y recordó que Cuba es el único país del Hemisferio donde no existe ningún tipo de garantías para el ejercicio del derecho a la libertad de expresión.
Amnistía Internacional, por su parte, había alertado el 5 de febrero —un día antes de la detención de El4tico— sobre una nueva escalada de hostigamiento contra presos de conciencia y sus familias, lo que sugiere que la acción contra estos jóvenes no es un hecho aislado, sino parte de una campaña más amplia. La organización expresó “su profunda preocupación ante una nueva escalada de detenciones arbitrarias, vigilancia ilegal y hostigamiento contra familiares de personas presas de conciencia”.
Las denuncias en redes sociales tienen un techo, es cierto. Pero cuando se convierten en expedientes bien documentados, pueden alimentar mecanismos de presión con efectos reales sobre la imagen y el margen diplomático del régimen. Organizaciones como Prisoners Defenders han logrado que la ONU declare arbitrarias decenas de detenciones en la isla, situando a Cuba como el país con más condenas por este motivo en el mundo.
La ruta suele ser lenta y acumulativa: documentación exhaustiva del caso, presentación ante ONG especializadas, comunicaciones a relatorías de la ONU y a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), informes de Amnistía Internacional y Human Rights Watch, y, a partir de ahí, resoluciones y pronunciamientos de parlamentos y gobiernos.
Ninguno de estos pasos garantiza por sí solo la libertad de los presos, pero juntos elevan el costo político de mantenerlos encarcelados y fijan en el registro internacional la naturaleza represiva del sistema.
El caso El4tico está en un punto temprano de ese recorrido, pero ya presenta los elementos de un expediente emblemático: jóvenes pacíficos, un proyecto de pensamiento crítico, detención por contenidos audiovisuales, cargos vagos de “propaganda contra el orden constitucional” y una maquinaria estatal que pretende castigar el acto mismo de pensar en público.
La represión como política permanente, el futuro de El4tico y el mensaje a una generación
Lo que está sucediendo en Cuba en 2026 no es un pico de represión coyuntural, sino la reafirmación de un modelo de control social basado en la intimidación masiva, a puerta abierta tras esconderse durante años. La detención preventiva y el castigo son la bandera de la dictadura, lejos de la igualdad y la justicia que malvendieron durante décadas tiradas al tacho de basura que tienen al país en una situación precaria.
La detención de Ernesto Ricardo Medina y Kamil Zayas Pérez es un mensaje deliberado a una generación de jóvenes cubanos que ha empezado a nombrar lo innombrable, a cuestionar lo incuestionable, a decir en voz alta lo que durante décadas se susurraba en privado. Es un intento de reestablecer la cultura del miedo.
Pero el mensaje puede tener el efecto contrario. La paradoja del autoritarismo es que necesita castigar para intimidar, pero cada castigo puede producir nuevos símbolos de resistencia.
El caso El4tico resume, en definitiva, la crisis terminal de un régimen que no puede permitir que dos jóvenes hablen desde un cuarto con una cámara. Un régimen que necesita silenciar el pensamiento es porque ya perdió la batalla ideológica, y lo hace ya bastante tiempo. Por eso no les queda otra que usar lo único que han hecho bien todos estos años, y es reprimir y atemorizar.
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Arquitecto, profesor y escritor, fundador de Fdh Journal. Dedicado al análisis político, deporte, cultura y filosofía práctica. Promotor de la consigna “pensar como entretenimiento”.


