Lo que ocurre en Minneapolis hoy —agentes federales disparando reiteradamente por la espalda a un ciudadano reducido en el suelo—comprende la expresión concentrada de un proyecto político que combina violencia estatal, racismo y propaganda, dentro y fuera de sus fronteras. Un panorama de lo más aterradoramente lindo.
Estados Unidos atraviesa un experimento de ocupación interior dirigido desde la Casa Blanca, que utiliza el aparato migratorio como punta de lanza para instaurar un régimen de miedo selectivo. Consecuencias de que un demente se siente en el trono de hierro…
Aaron Osoria

Minneapolis: laboratorio del terror “legal”
En las últimas semanas, Minneapolis se ha convertido en un laboratorio de cómo se ve un estado de excepción aplicado a una ciudad entera sin necesidad de declararlo. Bajo el paraguas de la llamada “Operación Metro Surge”, el gobierno federal ha desplegado entre 2.000 y 2.500 agentes de ICE, Patrulla Fronteriza y otras agencias federales, operando con un margen de discrecionalidad que revienta por todos lados las normas habituales de actuación policial.
El saldo inmediato es de tres tiroteos fatales en poco más de tres semanas, dos víctimas mortales confirmadas. Y cuando digo confirmadas, quiero que entiendas que hablo de personas con nombre, apellido, biografía completa. Ciudadanos, así tal cual.

No importa que seas lo único para tus hijos…
Renée Good, 37 años. Madre de tres hijos, poeta premiada, cantante, residente en Minneapolis. El 7 de enero de 2026, alrededor de las 9:30 de la mañana, fue ejecutada cuando agentes de ICE intentaban sacarla de su vehículo en el área de East 34th Street y Portland Avenue.
Según testigos directos que declararon a la prensa y en documentos legales, Renée se había bajado del vehículo y estaba intentando alejarse cuando al menos dos agentes intentaron forzar la puerta del conductor. Mientras un agente agarraba desde fuera, otro disparó tres veces a través de la ventanilla. La causa oficial de muerte fue “múltiples heridas de bala”: dos impactos en el lado derecho del pecho, una herida en el antebrazo izquierdo y una posible herida en la cabeza. La autopsia fue clasificada como homicidio por el examinador médico de Hennepin County.
Kristi Noem, la secretaria de Seguridad Nacional, declaró que Renée había intentado “armar su vehículo como arma” contra el agente. Declaración estúpidamente absurda, y dicta cómo van las cosas en el supuesto mejor país del mundo…
Un análisis de video de USA Today concluyó que el vehículo en realidad “parecía girar alejándose del oficial que disparó”. Exacto, el vehículo se alejaba del agente que disparó.
Eso no es todo.
Tener armas donde se defiende portarlas ahora es una excusa para matar
Alex Pretti, 37 años. Enfermero de cuidados intensivos en el Departamento de Asuntos de Veteranos de Minneapolis, licencia de enfermería activa, sin antecedentes penales más allá de infracciones de tráfico, propietario legal de un arma con permiso en Minnesota. Esta persona era graduada de la Universidad de Minnesota en 2011 con una licencia en biología, sociedad y medio ambiente, y había trabajado como científico de investigación en la Escuela de Medicina de la Universidad de Minnesota antes de convertirse en enfermero en 2014. Este perfil también está sufriendo el exceso y el autoritarismo de gente hirsuta y animalesca.
El sábado 24 de enero, entre riñas y protestas, fue interceptado por agentes de la Patrulla Fronteriza. Los videos disponibles muestran a múltiples agentes reduciendo su cuerpo al suelo, uno golpeándolo con un objeto, y luego, en cuestión de cinco segundos, al menos diez disparos.
Su madre le dijo a la prensa que él estaba “frustrado por lo que sucedía” en el país bajo Trump, que era un “votante demócrata” que había participado en las protestas de George Floyd en 2020 pero nunca fue conocido por ser “físicamente confrontacional”. El compañero de trabajo Dr. Dmitri Drekonja declaró que “para los que lo conocemos, es insultante y enriquecedor” oír cómo funcionarios federales lo describen. La mentira ya no es un recurso, es el único recurso disponible dentro del poder actual en Estados Unidos.
La familia de Alex afirmó en documentos públicos que “las historias enfermizas sobre nuestro hijo” difundidas por la administración “son reprehensibles y asquerosas”. Las declaraciones de Noem en este caso ya rozan el surrealismo, y sin ninguna duda son un insulto al sentido común del ser humano con más de dos neuronas.
Para los que no son nada, bueno…
El tercer tiroteo, puesto de último no por fecha, sino por condicionante, corresponde al 14 de enero; un hombre venezolano fue baleado en la pierna durante un operativo, después de que dos hombres supuestamente atacaran agentes con palas. Tres tiroteos en tres semanas.
El contexto numérico del operativo es importante.
Entre 2.000 y 2.500 agentes federales: el despliegue más grande en Minneapolis en décadas, con órdenes de permanecer en la ciudad de forma indefinida. 1.500 detenciones desde que comenzó “Operation Metro Surge” el 1 de diciembre de 2025. El DHS reclama haber realizado 10.000 arrestos desde que Trump regresó a la presidencia hace un año, cifra difícil de verificar de forma independiente. Típico de esta administración que manipula la realidad a tal punto de no distinguir entre verdad y extrapolación. Ah, ahora hay cientos de agentes adicionales desplegados como refuerzo después de la muerte de Renée Good.
La reacción de la ciudad ha sido nombrar lo que ocurre directamente. El gobernador de Minnesota Tim Walz y el alcalde de Minneapolis Jacob Frey no han vacilado en usar la palabra “ocupación” para describir la presencia federal. Han demandado al gobierno de Trump para intentar frenar la operación. Decenas de miles de personas han salido a la calle bajo temperaturas de hasta -29 ºC en Minneapolis en un paro económico masivo. Se supone que estados Unidos es una de las civilizaciones más avanzadas, aunque si vemos el tipo de gente que escala y se encuentra en el más alto estrado…
Cuando “terrorista” significa “culpable por estar muerto”

A las claras, que la secretaria de Seguridad Nacional haya calificado como “acto de terrorismo doméstico” la conducta de una mujer desarmada a la que un agente de inmigración mató de un disparo, y luego haya aplicado la misma etiqueta al enfermero Alex Pretti, dice tanto de este régimen como los propios videos de los disparos. Es vergonzoso. Noem no está haciendo un diagnóstico jurídico, sino que está cometiendo un acto de propaganda. Usar la palabra “terrorismo” para decretar que cualquier persona asesinada por agentes federales era, por definición, culpable, es gravísimo y preocupante.
Pero se sabía que estas personas no son políticos, ni dados a la política o la diplomacia. Son un séquito de soberbios déspotas que creen dirigir una empresa privada donde el dueño se reserva la perversidad de ser mezquino por puro capricho.
En el plano legal, “terrorismo doméstico” es una categoría administrativa imprecisa, no un delito autónomo. Pero en boca de una alta funcionaria se convierte en licencia simbólica para matar y en blindaje político para los tiradores, tan bestias como sus superiores o peor, porque ejecutan.
Lo que debería ser un lenguaje técnico, usado con prudencia y sometido a prueba en tribunales, se degrada en insulto. “Terrorista” ya no nombra una conducta, sino que borra a la víctima y clausura la discusión sobre el uso letal de la fuerza.
Esta mezcla de ignorancia jurídica real, cinismo deliberado y estupidez moral no es un es un método cansinamente explotado por los trumpistas y vomitivamente comprado por sus seguidores. La tarea de Noem no es investigar qué pasó ni garantizar imparcialidad. Su función política es ofrecer al presidente una narrativa donde los muertos siempre son monstruos y los asesinos de uniforme siempre son héroes.
Es la misma lógica que vimos en otros momentos oscuros del siglo XX: el Partido decide primero quién es el enemigo y luego le coloca el rótulo adecuado —”terrorista”, “subversivo”, “bandido”— para justificar cualquier atrocidad. Esto debería ser inadmisible, pero no lo es…
El paro económico y la ruptura social en Minnesota

No es accidental que el gobierno de Trump haya elegido Minnesota como “laboratorio” de su estrategia. La ciudad tiene una importante comunidad somalí, una población migrante significativa, y gobiernos locales que osaron resistir públicamente. El resultado ha sido una ruptura social profunda.
El 23 de enero de 2026, bajo temperaturas de -29 ºC, Minneapolis protagonizó lo que los organizadores llamaron “El Día de la Verdad y la Libertad”: un paro económico coordinado. Más de 700 negocios cerraron sus puertas. Sindicatos enteros, organizaciones religiosas, educadores y trabajadores se unieron a la acción. 100 miembros del clero fueron arrestados en una protesta en el aeropuerto Minneapolis-St. Paul contra el uso de las instalaciones para deportaciones. Decenas de miles de civiles marcharon bajo temperaturas extremas, portando pancartas que decían “ICE OUT!”, “NO WORK NO SCHOOL NO SHOP”.
Target, el gigante minorista cuya sede está en Minneapolis y que es el cuarto empleador del estado, fue presionado por más de 100 clérigos y miembros de la comunidad que exigieron que la empresa adoptara posiciones contra ICE y rechazara la entrada de agentes sin orden judicial firmada. Target emitió un memorándum interno advirtiendo a los empleados sobre “posibles interrupciones” pero se ha rehusado públicamente a tomar posición. Este uno de varios ejemplos.
El impacto en escuelas, servicios de salud y vida comunitaria también se hizo sentir. El ausentismo escolar ha aumentado significativamente: familias mantienen a sus hijos en casa por miedo a que sean atrapados en redadas. Personas evitan hospitales y clínicas por miedo a ser detenidas, incluso con permisos de trabajo válidos. Iglesias han abierto “santuarios” para proteger a personas de detención, recordando los santuarios religiosos que protegían a refugiados en momentos históricos de represión.
Recordemos que en la misma Minneapolis un niño de cinco años fue arrestado junto a su padre en el camino de entrada de su casa después de recogerlo de la escuela. Así estamos, así está el mundo demente, ilógico y abusivo que propone el señor Donald Trump en su insaciable demencia con hambre de poder y control.
Agamben en el Midwest: el estado de excepción selectivo

La teoría del estado de excepción de Giorgio Agamben resulta hoy menos una abstracción filosófica que una descripción empírica de lo que ocurre en Minnesota. No hay ley marcial declarada, el Congreso sigue funcionando, los tribunales existen. Pero para ciertos cuerpos —migrantes, negros, comunidades somalíes, venezolanos, “sospechosos” de barrio— las garantías se suspenden de facto.
Se entra a casas y negocios con órdenes administrativas amplias. Se detiene sin base penal sólida. Se dispara con una rapidez y una impunidad que nunca serían toleradas en un suburbio blanco acomodado. Ese estado de excepción es selectivo y territorializado: no se aplica en todo el país, sino en enclaves donde el poder federal decide “dar un escarmiento”. Minneapolis hoy, mañana otra ciudad “santuario” o con gobiernos locales “hostiles”.
La figura del “migrante criminal” —ese enemigo interno difuso, racializado y construido como amenaza existencial— cumple el papel de justificar medidas extraordinarias sin matices, naturalizando la idea de que algunos cuerpos valen menos y, por tanto, son sacrificables.
La mentira como fundamento: desmontando la narrativa oficial
Aquí viene una de las partes más importantes de todo este análisis, porque el gobierno de Trump ha construido una narrativa sobre “los peores de los peores” que se desmorona cuando revisas los números.
El portavoz de la Casa Blanca, tras cada tiroteo, reitera que “la administración de Trump ha removido numerosos criminales peligrosos de nuestras calles —incluyendo violadores, asesinos y conductores en estado de ebriedad”. Pero los datos cuentan una historia muy diferente. El 80% de inmigrantes detenidos en los primeros meses del segundo mandato de Trump no tenían antecedentes penales. Las detenciones de inmigrantes sin historial de crímenes se elevaron de 1.048 en enero de 2025 a 11.972 en junio de 2025.
Según análisis de una organización de investigación conservadora, NumbersUSA, el 65% de individuos atrapados por ICE no tenían condenas previas, y el 93% no tenían historial de crímenes violentos. En Texas, entre 2011 y 2018, los datos que Trump mismo citó mostraban “292.000 crímenes por ilegales, 539 asesinatos”. Pero el contexto que Trump omite: de esos cargos a lo largo de ocho años, solo 238 inmigrantes sin documentos fueron condenados por homicidio, 13.559 por agresión, 1.689 por agresión sexual y 1.280 por posesión de armas.
En otras palabras, no todas las acusaciones resultan en condenas, y los números en bruto no incluyen comparaciones con tasas de criminalidad de ciudadanos estadounidenses, donde los nacidos en Estados Unidos fueron el único grupo sobrerrepresentado en condenas por homicidio.
De hecho, la investigación disponible muestra que los inmigrantes, documentados o no, cometen crímenes a tasas más bajas que los ciudadanos estadounidenses nacidos en el país. No se justifica, lógicamente. Son hechos, son factos.

Ahora déjame mostrarte las cifras de deportación que Trump manipula constantemente. Trump afirma haber ejecutado “la mayor operación de deportación en la historia de Estados Unidos”, pero los datos contradicen esta narrativa. Durante la administración Obama, entre 2009 y 2016, se ejecutaron 2.749.706 deportaciones en ocho años, un promedio de aproximadamente 343.713 al año.
Durante el primer mandato de Trump, entre 2017 y 2020, se ejecutaron aproximadamente 932.000 deportaciones en cuatro años, un promedio de aproximadamente 233.000 al año. Durante la administración Biden, entre 2021 y 2024, se ejecutaron 4.677.460 deportaciones en cuatro años, un promedio de aproximadamente 1.169.365 al año. Y en el segundo mandato de Trump, entre enero y junio de 2025, se han ejecutado 128.039 deportaciones, un promedio de aproximadamente 810 al día.
En otras palabras: Biden deportó más personas en cuatro años que Trump en su primer mandato. Obama deportó más que Trump en su primera etapa. Y si seguimos con las matemáticas, Trump 2.0 está deportando a un ritmo diario de aproximadamente 810 personas, pero aún por debajo del máximo histórico de Obama, que fue de 1.123 al día en 2012. Además, el propio Departamento de Seguridad Nacional ha admitido que parte de sus cifras de “deportación” incluyen a personas que se autodeportaron, al menos 1,9 millones en el primer año de Trump 2.0, y no captura la verdadera intensidad de la represión interior.
Vendiendo constante humo, vendiendo miedo, vendiendo irracionalidad y sectarismo.
Del matón local al matón global
Sería un error leer Minneapolis como un episodio puramente doméstico. El mismo patrón de fuerza bruta, chantaje y desprecio por la legalidad se replica en la política exterior de Trump. La doctrina es simple.
Estados Unidos abandona el trabajo paciente del multilateralismo para convertirse en un matón global que negocia a base de sanciones, aranceles, amenazas militares y vetos de visado.
Se ha ampliado el “travel ban”, restringiendo la entrada de nacionales de países considerados “deficientes” en información de seguridad, con argumentos amplios y elásticos que permiten vetar familias enteras bajo la sospecha difusa de que “podrían” ser explotadas por criminales. Se han endurecido aún más las políticas de asilo y refugio, cerrando casi por completo la posibilidad de protección a quienes huyen de violencia y miseria, mientras se abren excepciones selectivas para colectivos políticamente útiles al relato de la Casa Blanca.
La diplomacia se ha convertido en extorsión. Países que no colaboran en detener migrantes, en aceptar deportados o en alinearse con Washington frente a China, Irán o Israel se ven amenazados con sanciones, recortes de ayuda y humillaciones públicas. La lógica recuerda a otros proyectos imperiales y autoritarios del siglo XX: el uso de la economía y la movilidad como armas —quién puede entrar, quién puede comerciar, quién accede al dólar— más que como instrumentos de cooperación. Estados Unidos se retiró de la OMS, y sigue con sus chantajes y coerciones en el panorama global.
Congresos impotentes, legalismo cómplice
Frente a este despliegue, ¿dónde están los contrapesos? Hay un bloque de demócratas presionando para usar el presupuesto como arma: negarse a financiar al DHS o a ICE si no se frena la operación en Minneapolis, condicionando fondos e imponiendo controles fuertes. Representantes como Ilhan Omar, Pramila Jayapal y Jamie Raskin lograron que más de 156 congresistas firmaran cartas exigiendo suspender el “surge” de agentes en Minnesota y preservar evidencia para investigaciones independientes. Es una escalada política, pero todavía lejos de un impeachment o ruptura institucional verdadera.
Para que hubiese un verdadero costo para la presidencia —impeachment, ruptura interna en el partido gobernante, bloqueo sistemático de fondos— haría falta un umbral de ruptura que el sistema no ha querido cruzar. El trumpismo se refugia en el legalismo: órdenes ejecutivas, reglamentos, interpretaciones extensivas de la ley migratoria y la retórica de la seguridad, ese “proteger a los estadounidenses” que da a sus aliados en el Capitolio el pretexto necesario para no romper filas aunque les incomoden los excesos.
El resultado es un régimen de “autoritarismo constitucional”. Se mantienen las formas —elecciones, tribunales, congresos— pero se vacía de contenido el control efectivo del poder ejecutivo, que utiliza la ley como cobertura para prácticas que, en otro contexto, serían reconocidas como abiertamente autoritarias. En esa zona gris, el asesinato de un ciudadano en una calle de Minneapolis se tramita como “investigación en curso”, mientras el dispositivo que lo hizo posible se mantiene intacto. Todo está al revés.
Entre Gestapo y faro democrático: la advertencia histórica

Comparar ICE con la Gestapo o las SS es arriesgado y, si se hace de forma simplista, trivializa el horror nazi. Lo sé. Pero los estudios sobre fascismo advierten que el problema no es tanto la metáfora como aquello que revela: el miedo real de que las instituciones de seguridad se conviertan en brazos de un proyecto político que necesita enemigos internos para sostenerse.
Hoy, en Estados Unidos, millones de personas usan esa comparación porque sienten en su propio cuerpo —o en el de sus vecinos— las redadas, las desapariciones administrativas, las deportaciones masivas, la violencia ejemplarizante; todo envuelto en un discurso de salvación nacional que ya aburre. Minneapolis lamentablemente acerca las comparaciones.
Analistas de política histórica observan que antes de la Solución Final, el nazismo construyó un régimen de deportaciones, expulsiones, despojo de ciudadanía y violencia administrativa que convertía a los judíos en “vida desnuda”, expulsable, matable, antes incluso de las cámaras de gas. Hoy, el trumpismo ha reinstalado la idea de que millones de personas —latinos, musulmanes, africanos, pobres “sobrantes”— pueden ser encadenados, hacinados, deportados en masa, incluso en flagrante violación de acuerdos con otros países, como muestran los informes sobre planes de deportación masiva.
Trump no es Hitler. La historia no se repite en calco. Y todavía existen contrapesos, medios críticos, movimientos sociales y resistencias que en la Alemania de los años treinta fueron triturados mucho más rápidamente. Pero la estructura mental que está en juego —un líder narcisista, delirante, que se cree por encima de la ley, un aparato represivo dispuesto a obedecer, una parte de la sociedad dispuesta a sacrificar derechos de otros a cambio de la promesa de seguridad y grandeza— pertenece a la misma familia de horrores. En eso, poco cambia la representación.
Lo que Minneapolis muestra
Minneapolis es, en ese sentido, un espejo adelantado. Un día helado, una ciudad sitiada por más de 2.000 agentes federales armados, hombres y mujeres tirados en el asfalto a los que vacían cargadores por la espalda, una multitud que grita “ICE out!” bajo temperaturas de -29 grados mientras el presidente y sus cómplices repiten que todo es legal y necesario.
No hace falta ser historiador del siglo XX para entender que ahí se juega algo más que una disputa migratoria. Se está decidiendo qué tipo de país, y de mundo, va a salir del desastre que hoy parece tragárselo todo.
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Arquitecto, profesor y escritor, fundador de Fdh Journal. Dedicado al análisis político, deporte, cultura y filosofía práctica. Promotor de la consigna “pensar como entretenimiento”.



Muy triste y preocupante la situación actual que se vive en Estados Unidos ” el paraíso ” que fue en algún momento y se ha convertido en un infierno, gobernado por un demente irracional y prepotente que cree ser Dios
Realmente el mundo peligra con semejantes personajes fascistas revestidos de mentiras y falsas justificaciones