Déjame ser claro desde el inicio: estamos viendo el colapso sistémico más profundo en la historia contemporánea de Cuba. La isla está sumergida en un caos sin precedentes con heridas tan profundas que inclusos los foráneos sienten el dolor.
Aaron Osoria

Lee esto con atención porque las cifras importan: Cuba perdió acceso inmediato al 50% de su suministro de petróleo con la captura de Maduro, tiene menos de dos meses de reservas, y la administración Trump no está jugando. 32 soldados cubanos (Estados Unidos dice que son más) murieron en Venezuela “intentando proteger” a Maduro. Esos cuerpos (lamentablemente) simbolizan algo más que una operación fallida. Esos cuerpos simbolizan el final de una era completa de influencia regional de la dictadura cubana cubana.
La estrategia Trump-Rubio es asfixia calculada
Cuando Estados Unidos capturó a Maduro no ejecutó un golpe de Estado tradicional. Fue una operación de inteligencia diseñada contra Venezuela pero con consecuencias dirigidas específicamente a Cuba. Y funciona en tres dimensiones simultáneas.
Primera dimensión: control total del petróleo venezolano. Trump anunció que tomará “entre 30 y 50 millones de barriles” ya almacenados y los depositará en cuentas bancarias estadounidenses. Esto es confiscación directa de la principal fuente de divisas cubana.
Segunda dimensión: Washington exigió explícitamente a Venezuela que rompa “relaciones económicas con Cuba, Rusia, China e Irán”. Aunque formalmente Delcy Rodríguez negocia como presidenta interina, la exigencia busca convertir a Cuba en un paria absoluto. El objetivo es netamente geopolítico al pretender aislar completamente a La Habana.
Tercera dimensión: presión psicológica. Marco Rubio, secretario de Estado e hijo de exiliados cubanos, declaró que “el Gobierno cubano es un gran problema”. Trump reposteó un mensaje sugiriendo que Rubio sea “presidente de Cuba” con el comentario “¡Suena bien para mí!”. Esto más que una hipérbole diplomática, es declaración de intención.
Pero aquí viene lo interesante.

El 9 de enero Rubio introdujo una matización sorprendente: Estados Unidos “no está interesado en una Cuba desestabilizada”. ¿Por qué? Porque un colapso abrupto generaría una crisis humanitaria y migración masiva que complicaría el control regional. La estrategia entonces es una erosión selectiva, no una destrucción instantánea. El régimen debe ser presionado hasta ceder, no hasta implosionar.
El problema es que estos parásitos totalitaristas son más resistentes que un virus, y han creado durante décadas las condiciones necesarias para sobrevivir, a costa de “naciones amigas” y del “pueblo revolucionario”, mientras se empapan de millones de dólares con cuentas en el extranjero.
De todas maneras, Rubio dejó claro que los líderes cubanos “tienen que tomar una decisión”. La alternativa implícita es que serán reemplazados…
El G2 y el mito de la invencibilidad destrozado

El G2 (Dirección de Inteligencia) fue durante 60 años el aparato de represión más temido de América Latina. Creado por la KGB, infiltró agencias estadounidenses con casos legendarios como Ana Belén Montes y la Red Avispa, y controló la represión interna con gran precisión.
Pero el 3 de enero de 2026 expuso su debilidad fundamental: no pudo anticipar la operación contra Maduro porque subestimó a Trump.
Según análisis de expertos en inteligencia, el G2 “convenció al régimen de Maduro y a sus agencias de seguridad de que EEUU nunca atacaría el territorio venezolano”. El factor sorpresa y la falta de acceso a la cooperación estadounidense interna en Venezuela fueron letales.
El aparato que se vendió como invencible falló en su lectura básica de la estrategia estadounidense.
MININT: reprimir sin gobernar es administrar el colapso
El Ministerio del Interior (MININT), que controla el G2, las Brigadas de Respuesta Rápida y la Dirección de Cárceles, intensificó dramáticamente su represión en 2025.
Las cifras:
-3,179 acciones represivas en 2025.
– Más de 800 presos políticos encarcelados.
– 1,197 presos políticos acumulados (134 nuevos s en 2025).
– 11,268 protestas registradas en 2025, un aumento del 25% versus 2024.
Pero esta represión masiva revela que, un régimen que castiga sin resolver problemas no gobierna, simplemente administra la represión. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos sintetizó:
“Estamos ante un Estado que administra la represión, pero no busca soluciones para los graves problemas de la gente. Quieren que los ciudadanos sufran y resistan en silencio”.
Y aquí está el punto crítico real. La población se desmorona a gritos y golpe de sufrimiento, y apenas quedan un puñado de gente aneuronal que aún cree el mito atrozmente mentiroso de “La Revolución”. Cada vez son más personas las que finalmente entienden que la Patria no es el Estado, sino que el Estado debe responder a la Patria. Lamentablemente, el país ha tenido que pasar por la miseria absoluta para comprender el gran timo de unos pocos que viven como los más excelsos capitalistas mientras van n a la plaza con sus trajes militares de hace 50 años. Trajes vacíos, que no representan nada más que el engaño a costa de la sociedad.
Y todavía, increíblemente, hay personas que siguen bajo los efectos de la droga ideológica del régimen. Administradores, técnicos, cuadros intermedios y operadores de seguridad enfrentan siguen defendiendo, robotizados, ahuecados, los servicios de quienes limitan a su propia gente. Sin embargo, es imposible tapar el sol con un dedo.
Cuando la represión deja de ser ideológica y se convierte en salvación personal, la disciplina cede ante la supervivencia. Históricamente, los colapsos de regímenes autoritarios no provienen de masas rebeldes sino del colapso de lealtades en los mandos medios. Ahí está la clave. El MININT sigue siendo operativo pero está sobrecargado: no puede reprimir 11,268 protestas indefinidamente mientras el sistema colapsa políticamente.
Díaz-Canel rechaza negociar y cierra todas las puertas, a la vista…

El 12 de enero, Díaz-Canel respondió a Trump que “No existen conversaciones con el Gobierno de Estados Unidos, salvo contactos técnicos en el ámbito migratorio”.
Esta no es retórica vacía, es una línea roja. Cuba rechaza negociar su cambio político mientras por debajo de la mesa busca soluciones desesperadas con “su enemigo”, según algunos medios de Miami. Por ahora todo queda en la especulación. Lo cierto es que el supuesto presidente de Cuba no manda ni en su casa, es un mero títere de las vetustas víboras que realmente cobiernan en la isla.
Lo que sabe vomitivamente por cansancio es que “insistió en que cualquier diálogo debe basarse en “igualdad soberana, respeto mutuo, principios de Derecho Internacional, beneficio recíproco, sin injerencia en asuntos internos y con pleno respeto a nuestra independencia”.
Rubio ya había declarado públicamente que solo iría a La Habana a negociar “la caída del gobierno”. Esto crea una brecha diplomática insalvable: Cuba demanda aparentemente soberanía, Trump demanda cambio de régimen. No hay punto medio.
La postura cubana refleja una realidad desagradable: Díaz-Canel no tiene recursos para negociar. A diferencia de Delcy Rodríguez en Venezuela (quien coopera con Trump a cambio de no ser procesada), Cuba no posee petróleo, activos financieros ni moneda para ofrecer. Cuba no tiene nada, obra invaluable de “La Revolución”. Su única “moneda” es la represión interna, pero eso no le interesa a Washington, estemos claros.
El único canal bilateral funcional es el acuerdo migratorio. Esto refleja que ambos gobiernos reconocen que una saturación de migración cubana es mutuamente perjudicial. Pero este acuerdo es técnico, no político. Es una simple gestión conjunta de una crisis humanitaria.
La trampa energética: no hay Plan B

Cuba depende de importaciones para el 100% de su combustible. Antes de la captura de Maduro, la estructura era:
Venezuela 60%, México 10%, Rusia 8%, otros 22%.
Ahora es:
Venezuela controlado por EEUU, México bajo presión, Rusia limitado por sanciones de Ucrania.
¿Qué hacer ahora entonces? ¿Angola? ¿Argelia? ¿China? Déjame responderte con datos concretos.
Pese a décadas de cooperación militar cubana (más de 15,000 tropas cubanas murieron en Angola), Luanda nunca ha emergido como proveedor de petróleo. Pavel Vidal, economista especialista en Cuba, dijo que “Angola es uno de los grandes productores y no aparece. Cuando Cuba toca la puerta, no habla de comprar”. Traducción: Angola evalúa que ayudar a Cuba es costoso y sin retorno.
Situación similar el caso de Argelia. Aliada política, pero no proveedor energético.
Luego, China tiene una deuda cubana significativa y “ha mostrado poco interés en ayudar”. Los chinos no rescatan regímenes ideológicamente incompatibles con sus intereses económicos. Y la dictadura cubana, paria por excelencia, sólo sabe vivir a costa de otros.
Rusia está bajo presión de sanciones occidentales por Ucrania, apenas puede mantener 1 tanquero trimestral. Moscú no tiene capacidad para sustituir a Venezuela y tampoco le interesa viendo que está perdiendo incidencia en la región con la caída de Maduro. Cuba resultaba importante porque prácticamente era “mediador” y “enlace” para acceder a las riquezas del territorio venezolano. Ahora, ni eso.
Conclusión, no hay Plan B. Cuba está en una trampa de dependencia sin salida.
México reduce envíos: el proveedor cautivo cede ante Trump
El suceso más crítico ocurrió el 19 de enero: México redujo los envíos de petróleo a Cuba en las últimas semanas. Aunque el gobierno de Sheinbaum mantiene su defensa pública de la soberanía (“México es soberano”), la realidad operativa es diferente.
El contexto importa porque Trump ha permitido que México continúe enviando petróleo, contradictoriamente a sus declaraciones iniciales. Pero esta “tolerancia” tiene límite y ahí entra la revisión del TMEC (Tratado México-Estados Unidos-Canadá) programada para febrero de 2026.
Entre mayo y agosto de 2025, México envió aproximadamente 58 embarques equivalentes a 3,000 millones de dólares en petróleo. El economista Jaime Brito estima que los envíos recientes de 85,000 barriles representan un “regalo a fondo perdido”. Esto ocurre mientras México enfrenta sus propios problemas energéticos internos. Irónico, y sospechoso también.
La vulnerabilidad mexicana es obvia: el TMEC representa el 83% de las exportaciones mexicanas. Si Trump condiciona la renovación del tratado a que México corte suministros a Cuba, Sheinbaum cederá. No tiene otra opción estratégica.
¿Qué vale más para México, mantener relaciones ideológicas con Cuba o preservar el 83% de sus exportaciones? La respuesta es obvia y ya está en marcha con la reducción de envíos.
Sistema de salud en colapso total
Cuba vendió durante décadas su sistema de salud como modelo exportable. En 2026, ese sistema está en colapso terminal.
Según el informe de CubaLex, el sistema de salud cubano enfrenta escasez de medicamentos, deterioro de infraestructura hospitalaria, éxodo masivo de profesionales médicos, y falta de equipamiento básico. Los hospitales operan sin anestesia, sin antibióticos, sin material quirúrgico.
Las cifras:
– Más de 100,000 médicos, enfermeras y técnicos han emigrado desde 2021.
– 40% de las camas hospitalarias inoperativas por falta de mantenimiento.
– Tasa de mortalidad infantil aumentó 18% en 2024-2025.
– Escasez del 70% en medicamentos esenciales.
El régimen sigue enviando médicos al exterior como “cooperación solidaria”, pero en realidad son exportación de divisas. Mientras tanto, cubanos mueren de infecciones tratables porque no hay antibióticos. El cinismo es atroz.
Los escenarios posibles: todos llevan al colapso
Déjame plantearte los escenarios con la honestidad característica basado en la objetividad de medios fiables.

Escenario 1: Cambio de liderazgo interno (probabilidad 35%)
Militares de alto rango o cuadros técnicos desplazan a Díaz-Canel en un movimiento interno. Negocian con Washington una transición controlada a cambio de inmunidad personal. Cuba se convierte en un Estado satélite estadounidense similar a Nicaragua post-sandinismo. Ahora, la realidad y viendo como se manejan los parásitos de la dictadura cubana, personalmente no estoy convencido.
Plazo: 6-12 meses. Indicadores: deserciones de alto nivel, reuniones secretas con diplomáticos estadounidenses, declaraciones públicas matizando la línea dura.
Escenario 2: Colapso caótico (probabilidad 45%)
El régimen se desintegra sin plan. Apagones totales, hambre masiva, saqueos, represión desbordada. Estados Unidos interviene militarmente para “restaurar orden” y administrar la transición.
Plazo: 3-8 meses. Indicadores: crisis alimentaria generalizada, motines en cárceles, deserción masiva de policías, protestas sostenidas en La Habana.
Escenario 3: Resistencia prolongada (probabilidad 20%)
Cuba logra sobrevivir mediante represión extrema y economía de subsistencia. El régimen controla las ciudades principales, abandona el interior rural. Funciona como la Corea del Norte caribeña: aislada, empobrecida, reprimida, pero estable en su miseria.
Plazo: indefinido. Indicadores: intensificación de racionamiento, militarización de la distribución alimentaria, represión preventiva masiva.
Honestamente, el Escenario 3 requiere recursos que Cuba no tiene, pero eso se viene diciendo hace más de medio siglo. El Escenario 1 requiere pragmatismo que el régimen ha demostrado no poseer en un momento crucial y sin aliados (lo que siempre ha sostenido al régimen, a fin de cuentas). El Escenario 2 es cada vez más probable.
¿Hay salida para la situación de Cuba?
Honestamente, no en el corto plazo de 2026.
Las opciones son negociar con Trumpy requeriría un cambio político que el régimen no está dispuesto a hacer porque de eso se agarra como garrapata a un animal moribundo. Está la resistencia económica si es que así se le puede llamar (estado actual), donde Cuba mantiene orden interno mediante represión. Funciona hasta que colapsa por hambre o apagones generalizados. No sé qué más puede aguantar el pueblo cubano, es doloroso y desesperante.
Lo que parece cada vez más probable es un colapso y transición forzada. El régimen se desmorona, EEUU interviene para “administrar” la transición. O en todo caso, una negociación “desde la debilidad”, donde el régimen cede competencias poco a poco, logrando salida personal.
Impacto regional si Cuba colapsa
Si Cuba colapsa, Nicaragua pierde su aliado ideológico más importante. El Caribe se reestructura bajo una hegemonía estadounidense. La presencia rusa y china en la región se reduce drásticamente. Y viene una crisis migratoria masiva, peor a lo que se ha visto en los últimos años.
Nada de lo que está sucediendo o puede suceder parece traer alivio al pueblo, que al final es quien sufre la incompetencia y el aferramiento de unos descarados que tienen raptada la isla, y los intereses geopolíticos de una nación que pisotea sin mirar hacia abajo para “su seguridad nacional”.
Cuba entra en la fase terminal
Cuba en enero 2026 enfrenta la erosión simultánea de sus tres pilares de sustentación:
Económico: sin petróleo venezolano (controlado por EEUU) ni recursos financieros para comprar en mercados internacionales.
Político: sin aliados regionales capaces de ayudar (Venezuela está ocupada, Nicaragua y Bolivia son débiles, Rusia está lejos, y en Ucrania).
Represivo: sin capacidad de resolver problemas, solo castigar. El MININT administra represión, no gobernanza.
La pregunta no es si Cuba colapsará, sino cuándo y cómo. El régimen dispone de menos de 60 días de petróleo. Después vienen apagones totales, hambre masiva, represión desbordada, migración. O sea, lo uqe ya hay, pero multiplicado, y no puede ser más triste y terrorífico. La máquina de engaños cubana que funcionó durante 67 años bajo la represión eficiente ha entrado en la fase de descomposición estructural.
Los discursos de Díaz-Canel sobre antiimperialismo, soberanía y resistencia no alimentan, no encienden luces, no producen petróleo. Ya no convencen a nadie, ya basta de tanta baba y retórica absurda. Cada palabra que habla sobre gloria revolucionaria es un acuerdo roto con cubanos que necesitan arroz. Es sadismo político.
Cuando la retórica cede ante el hambre, los regímenes no resisten: ceden o colapsan. Cuba ya ha entrado en esa fase.
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Arquitecto, profesor y escritor, fundador de Fdh Journal. Dedicado al análisis político, deporte, cultura y filosofía práctica. Promotor de la consigna “pensar como entretenimiento”.


