Las 5 mejores películas en 2025: Resistencia de la materia

Las 5 mejores películas en 2025 definieron, sin dudas, la rebelión del cine contra la inteligencia artificial. En una era donde la imagen se ha vuelto líquida, generativa y sospechosamente perfecta, los grandes autores han respondido con peso, suciedad y arquitectura.

El cine de este año ha dejado de ser “contenido” para volver a ser geografía.

Aaron Osoria

Las 5 mejores películas en 2025

Ranking de las 5 mejores películas en 2025

Tras un análisis exhaustivo que cruza el consenso de la crítica internacional —desde la severidad de Cahiers du Cinéma hasta el pragmatismo de los grandes festivales— emerge un patrón claro. Las cinco mejores películas del año son confrontaciones espaciales, obras que entienden que habitar el mundo, o la pantalla, es un acto político, no en sentido simplista de la palabra.

Las narrativas se han vuelto más complejas, explorando la condición humana en un contexto donde la tecnología se siente ajena. Directores han creado universos donde lo tangible y lo digital coexisten en tensión constante. Cada película se convierte en un llamado a la reflexión sobre nuestras relaciones con la realidad y la ficción. En este paisaje cinematográfico, el espectador participa activamente en la experiencia. La rebelión del cine redefine una vez más lo que significa contar historias.

Este es el ranking definitivo de un año en el que el cine recuperó su gravedad.

5. Tardes de Soledad (Albert Serra)

albert serra tardes de soledad

La inclusión más radical de esta lista. La película documental es de septiembre de 2024, pero irrumpió con mucha fuerza a lo largo del año 2025. El catalán Albert Serra ha entregado un documental sobre la tauromaquia que ha escandalizado y fascinado a partes iguales. Sin diálogos explicativos, sin defensa ni ataque moral, la cámara se pega al torero (Roca Rey) y al animal en una danza de muerte hipnótica. Suena severo, sí, pero es una severidad atrozmente poética.

Desde una perspectiva puramente estética, es una proeza. Serra transforma la plaza de toros —un panóptico circular— en un espacio metafísico donde solo existen la luz, el polvo y la sangre. No hay montaje acelerado, no hay música dramática. Solo la espera, la contemplación, y finalmente el estallido de violencia que se siente tanto más obsceno por lo pausado de su construcción.

La película exige ser experimentada sensorialmente, no disfrutada. Nos obliga a mirar la violencia sin el filtro de la narrativa, convirtiendo el rito en una abstracción visual pura. Serra no toma partido, y eso es precisamente lo que vuelve la película insoportable para algunos y fascinante para otros. No hay punto medio acá, se va a los límites de principio a fin.

Es cine de vanguardia que nos recuerda que la imagen, en su estado más puro, es peligrosa. Mirar puede ser un acto de complicidad. Además, nos recuerda que la belleza y el horror a veces comparten la misma geometría.

4. Mickey 17 (Bong Joon-ho)

bong joon ho and robert pattinson in south korea for mickey 17

Bong Joon-ho sigue obsesionado con la lucha de clases, pero ha cambiado las escaleras de Seúl por los elevadores de una colonia espacial. Mickey 17 es una sátira feroz disfrazada de blockbuster de ciencia ficción.

Bajo la superficie de su humor negro y su estética pop, la película es una crítica mordaz a lo que podríamos llamar “la arquitectura de la prescindibilidad”. El protagonista es un “prescindible” —un clon obrero— que vive en las entrañas de una máquina industrial, muriendo y renaciendo para mantener el sistema operativo. Bong utiliza la repetición visual y los espacios claustrofóbicos para preguntar algo incómodo, pero que se suele pasar por alto en los modelos reales…

¿cuánto vale la vida humana cuando el cuerpo es reproducible en serie?

Parece un planteamiento demencial, y de seguro se va al extremo de la interpretación, pero en esencia, la lógica yace arraigada e includicable.

Esta película es Tiempos Modernos de Chaplin reescrita por Kafka y diseñada por la NASA. Un monstruo estética y profundamente litúrgico. Robert Pattinson, en un rol múltiple que podría haber sido puro gimmick, encuentra matices sutiles entre cada encarnación de Mickey.

El segundo Mickey no es igual que el primero; ha heredado los recuerdos pero no el desgaste, y esa distancia mínima es donde Bong clava el cuchillo. La película funciona porque no predica; simplemente muestra un mundo donde la explotación ha alcanzado su forma más perfecta, y luego nos invita a reírnos nerviosamente de nuestra complicidad.

Piénsenlo bien, y hasta asusta.

3. Ainda Estou Aqui (Walter Salles)

Las 5 mejores películas en 2025

Si el cine de Hollywood tiende a la expansión, la joya brasileña de Walter Salles es una implosión hacia el espacio doméstico. Basada en las memorias de Marcelo Rubens Paiva, esta es la película latinoamericana más importante de la década.

Caso parecido al quinto puesto de esta lista; se estrenó en Brasil en noviembre de 2024, pero a la posteridad trascendió a lo largo del todo año, haciéndose imposible de destronar a pesar de ya figurar en las mejores listas del año pasado.

Salles filma la dictadura militar brasileña no desde las salas de tortura, sino desde el salón de una casa de clase media en Río de Janeiro. La desaparición forzada se siente aquí como una sustracción espacial: una silla vacía, una puerta que ya no se abre, un cuarto que nadie menciona pero todos evitan.

Para quienes entienden cómo el espacio condiciona la conducta, Ainda Estou Aqui es devastadora. Muestra cómo la violencia de Estado se filtra por las ventanas y reconfigura la arquitectura familiar.

Fernanda Torres ofrece una actuación que es un monumento al estoicismo. Su personaje, Eunice Paiva, no grita ni se desmorona cinematográficamente. Simplemente continúa, día tras día, habitando una casa que ya no puede contenerla.

Salles entiende algo que el cine político suele olvidar: que el horror no necesita ser espectacular para ser insoportable. Basta con filmar cómo una mujer pone la mesa para cuatro cuando solo quedan tres. La película nos recuerda que, en América Latina, recordar es la única forma de permanecer.

2. Frankenstein (Guillermo del Toro)

frankenstein avant première

Guillermo del Toro ha pasado su carrera buscando la humanidad en lo monstruoso, pero en su Frankenstein encuentra la divinidad en la ruina. En un artículo anterior escribimos sobre la posibilidad de ser la mejor película del año, y casi lo consigue.

Olviden las adaptaciones previas, ya de manera definitiva. Esto es una tragedia teológica construida con la precisión de un maestro cantero.

El diseño de producción —la verdadera estrella del filme junto a un Jacob Elordi que actúa con cada centímetro de su piel cicatrizada— rechaza el CGI perezoso. Del Toro construye catedrales de hielo y laboratorios que huelen a óxido y formol.

Hay una tesis arquitectónica en esta película: el cuerpo humano es solo un edificio que puede ser demolido y reconstruido, pero el alma es el espacio vacío que habita dentro. Divino.

Lo extraordinario es cómo Del Toro filma la monstruosidad no como aberración sino como consecuencia lógica. La criatura de Elordi se mueve con la torpeza de quien acaba de nacer en un cuerpo equivocado, con la vergüenza de quien descubre que existe sin haber pedido permiso.

No es casualidad que las escenas más devastadoras ocurran en interiores espaciosamente “claustrofóbicos”, entornos que se cierran sobre los personajes como ataúdes. Del Toro filma monstruos para mostrarnos que somos estructuras fallidas, cosidas a la fuerza, buscando desesperadamente un arquitecto que nos ame.

1. One Battle After Another (Paul Thomas Anderson)

la numero 1 del año 01

La obra magna de Paul Thomas Anderson es un levantamiento topográfico asombrosamente bello y a la vez abrumador.

Te explico la densidad de la frase, propia del filme.

Anderson, tradicionalmente el cronista de la nostalgia californiana, ha filmado el presente más urgente. One Battle After Another es un tratado sobre la ingeniería del control disfrazado de película de persecución.

Al situar a sus protagonistas —un DiCaprio crepuscular y un Benicio del Toro indescifrable— en la ficticia “Baktan Cross“, Anderson convierte el desierto en un laberinto sin muros. Para cualquiera que entienda cómo se construye el espacio, la película es fascinante: muestra cómo las autopistas y los “no-lugares” del sur de Estados Unidos funcionan como mecanismos de segregación invisibles.

Filmada en IMAX, devuelve a la pantalla la escala monumental del paisaje americano, recordándonos que la política es territorio antes que retórica.

Es, sin matices, la obra maestra del año. Una sinfonía de ruido y furia que documenta el colapso del sueño americano en tiempo real. Anderson filma la persecución como quien documenta una cacería prehistórica, brutal y despojada de ornamento. Cada toma dura lo suficiente para que la violencia no se vuelva abstracta, para que el desierto no se convierta en postal.

La frontera aquí es el purgatorio que hace tiempo dejó de ser metáfora en su semiótica construida de salvedad o condena.

Las mejores películas en 2025: año de cemento y carne

Al revisar estas cinco obras —desde las fronteras desérticas de Anderson hasta los hielos de Del Toro, desde las casas brasileñas de Salles hasta las colonias espaciales de Bong, desde las plazas circulares de Serra— queda claro que el 2025 no fue el año en que el cine murió a manos del algoritmo. Fue el año en que el cine reclamó su cuerpo.

Frente a la pantalla generada por computadora que no pesa nada, estos directores nos ofrecieron cemento, carne, sudor y memoria. Nos recordaron que, aunque vivamos en la nube, seguimos sangrando, amando y muriendo en el mundo físico. Entre imágenes infinitas e instantáneas, estos autores apostaron por lo lento, lo pesado, lo irrepetible.

De esa manera, construyeron monumentos en lugar de feeds.

Y esa, quizá, sea la lección más valiosa que el cine puede ofrecer hoy: que algunas cosas todavía resisten, que la materia importa, que la gravedad no es negociable.

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